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Lo bravo del acaso [...] es que, husmeando entre la espesa morralla abascalina, he topado con unos versos venusinos de los que jamás me ha hablado mi Señor a pesar de que la mucha afinidad que nos une sostiene entrambos un permanente debate literario. Se trata de un poema "autobiográfico" [...], rimado en Coplas de Arte Mayor y firmado por Fernán de Cano, primer Conde de Abascal [...] Recordarán
Vuesas Mercedes que de Fernán de Cano sólo se han conservado cuatro
poemas de cancionero; de ahí que mi accidental hallazgo bien pudiera
ganar fama de extraordinario..., si no fuera porque sospecho que aqueste Laberinto de Tontuna no es obra de
preclaro poeta del siglo XV, ni de ningún otro señalado vate de
aquellos tiempos [...] o muy mal conozco yo a mi querdio Maestro, o por
debajo destos doscientos cuarenta versos novedosos late, aguda y
obscena, la pluma de mi Señor el Conde de Abascal, quien ha endilgado
la autoría deste Laberinto a su
conspicuo y muy llorado Fragmento de la "Carta a guisa de Prólogo" de Joan Sermó, Secretario de la Casa de Abascal. [...]
e aviendo dado felize término e complido remate a aquestas coplas
viçiosas, quisse luego sin tardança dárselas a leer a nuestro grand
amigo e sotil poeta iohan de mena, a cuyo ábil offiçcio e condigna
auctoridad acostumbro a encomendar mis papeles; el cual, desque las
uviesse leydo, díxome que avía avido grand plazer en conoçerlas, e
rogóme que no tomara enoxo si él dava en remedar aquestos dezires
rimados, ca tanto era el gusto que avía rescebido dellos
EL LIBRO En esta ocasión, la desmesura del Conde se prolonga a través de un poemario de quince sonetos amorosos y un epílogo (los Dieciséis deslices de la Yolandea), otra serie de sonetos de variado tono y confluente intención (Rimas y estampas barrocas), y un largo poema dividido en cuartetos —conjuntados pero autónomos— que recuerdan y siguen a las rubbaiyat de Omar Jayyam (Todos los coños el coño). Este
cancionero discurre, pues, por diversas veredas donde se mezclan la
poesía erótica y amorosa, la galante o la poesía “en seso” que
reflexiona sobre el sentido de la existencia. Bien que no siempre es
fácil discernir con claridad de cuál se trata en cada momento. Toda la
iconografía poética barroca se mezcla en este poemario: el amor como
suma imposible de opósitos, la bella ingrata, el desengaño, el amor y
la muerte, clasicismo, exuberancia, mitología. Pero no hay impostura,
ni pastiche, ni tampoco se encontrará la orfebrería fácil del alarde
imitativo. Este pasmoso conjunto de poemas, unos exultantes y otros
abatidos, pronto habrá de ser cita, mito y cobijo de cuantos han
sufrido alguna vez las ciegas ferocidades del amor. Como se afirma en la
introducción “este viacrucis del enamorado anhelante, gozoso y
sufriente, conoce momentos definitivos y rotundos que lo sitúan en las
órbitas de la mejor poesía amorosa”. Lo cual implica siempre esa
complicidad dolorida que sólo se puede encontrar en algunos versos
devastados, o, a veces, en la barra de un bar a altas horas de la
madrugada. El
libro, cuidadosamente editado en todos sus detalles, se completa además
con unos preliminares que harán las delicias de los bibliófilos (tasa,
aprobación, prólogo y sonetos laudatorios y vejatorios de diversos
ingenios). EL AUTOR. Las obras de del Conde de Abascal alcanzan la condición de lo memorable. Si es grata su lectura, es inevitable su relectura. Y ocurre que los lectores del Conde de Abascal pasan a ser irremediablemente difusores entusiastas de su poesía, fenómeno que ocurre con muy pocos autores. Ésa ha sido la intención y también el privilegio de Ediciones de la Discreta.
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