DISPUTA A SONETAZOS

 

 

 

Habiendo llegado a nuestros oídos que corre ya, de boca en boca, la disputa a sonetazos en que algunos señores miembros de este discreto senado andan vueltos, envueltos y revueltos.

Conociendo el interés de muchos de nuestros amigos y lectores por conocer esta disputa literaria y saber si será tinta o sangre lo que al río llegue.

Sabiendo del gran disgusto de algunos discretos señores al andar sus casas y sus asuntos abandonadas pues no dan más de sí criados y lacayos en llevar y traer billetes, besalamanos, pliegos, boletos, epístolas y misivas que dan cuenta de tan sonados sonetos.

Teniendo, por último, noticia de que a nuestro bien amado escribano o escribiente Don Pablos, le ha pasado por la sesera la intención de dejar este taller de letras para montar un negocio de estafeta, y con el fin de que abandone tan, como nuestras cabezas, descabellada idea.

Hemos decidido seguir su consejo y dar a conocer, urbi et orbe, como el licenciado Portas y el bachiller Marcos Coso también pedían al comienzo de este lance de plumas, el contenido completo de esta disputa. Entremos pues en materia y perdonen los lectores si este introito les pareció largo o pesado, que no buscamos granjearnos la saña de ninguno de los discretos senadores, sino dar cuenta a los lectores del estado de la cuestión.


 

Soneto censor en el que el licenciado Portas acusa a los discretos primigenios de haberse convertido en aquello que con tanto ingenio escarnecían o

Ubi coño sunt?
(difúndase urbi et orbe como pública puntilla y como aviso para quienes niegan los dictados que les impone la naturaleza)

¿Qué fue de mi señor Félix Dativo?
¿Qué se fizo del Conde de Abascal?
No hablaré de Cerdán ni de otro tal
por no ser en exceso acusativo.

Su dedo reprehensor, su porte altivo,
¿adónde los llevó el sino fatal?
¿Qué musa los unió, tal para cual?
¿Qué parca separó a tanto ser divo?
 
Juntólos el ingenio y la destreza
de causar en troveros mil estragos
por no saber rimar coplas y coros.
 
Más, ¡ay!, que la molicie y la pereza,
los chiquillos, el fútbol y los toros
los convirtieron en poetas vagos.
 

Respuesta al licenciado Portas, a propósito de su soneto censor, escrita por el bachiller Marcos Coso, quien, a pesar de no formar parte de los primigenios, se siente aludido, por lo que pide a vuestra merced que sea igualmente difundido urbi et orbe, y en particular al señor licenciado para que tome en cuenta las consideraciones que en el se recogen.

Soneto
(Al licenciado Portas,
implacable censor
).

 ¿Quién eres tú, censor de pacotilla
para afear conducta negligente,
sabiendo que es postura inteligente
querencia por la holganza y la camilla?

No me hagas que te lea la cartilla,
moderno Torquemada inconsecuente,
pues repartes mandobles a la gente
que con su ingenio y arte maravilla.

Son muchas las licencias placenteras
(el fútbol, la pitanza o el serrallo),
aquello que me agrada y me relaja;

a ver si te rePortas y te enteras
que a veces es mejor no meneallo
(salvo que estés haciéndote una paja). 

                                    (El bachiller Marcos Coso)

 

Propuesta del Brigadier García ante la censura del Licenciado Portas y la respuesta del Bachiller Marcos Coso.

Soneto
(con estrambótico estrambote)

(Al licenciado Portas,
implacable censor,
y al bachiller Marcos Coso,
furibundo replicador)

 Es cierto que llegué hace muy poco,
que no soy, en el grupo, habitual,
razón por la que intento ser formal
y que nadie me tome por un loco.

A todos los discretos, yo os convoco
a respetar el fútbol, me da igual
el campo o la tevé, y a ser cabal
en deudas de serrallo, mas coloco

aquí una petición: que sea verbena,
al menos, la pitanza y, compartida,
permita el ingenio y la eclosión

de coplas y canciones, pues es pena
que «Discreta Academia», conocida
por su lúdico estro, sea follón.

No merece mi voz una condena;
si es milicia mi senda ya vivida,
no hay malicia alguna en esta ocasión.

                                                 (El brigadier García)
 
Responde al punto, en horas veinticuatro, el licenciado Portas al bachiller Marquitos, y añade, para pasmo de discretos, aún otro soneto.

Soneto

¿Qué pretende, Marquitos, tu ladrido?
¿Que te haga el Conde desde su alta silla
la caricia del amo? ¿Su silbido?
¿Que Félix te franquee su bodeguilla?

¡Si no eres digno de a sus pies rendido,
rabeando, lamerle la espinilla!
¡Si eres indigno de tener unido
su buen vino a tu sangre de ladilla!*

Mamporrero, pelota, paniaguado,
no te las des ahora de faceto;
que escriban ellos, tú estate callado,

si sabes que quedó el orbe discreto
sin el sol de su ingenio puteado,
como se cuenta en este otro soneto.
 

Soneto

(Soneto inglés en el que se describen
las sombras que provoca en La Discreta
el ocaso del Conde y de Dativo,
sumando una de cal y otra de arena,
uniendo al palo así la zanahoria).

Anda el senado inquieto y escamado
de la magna y discreta concurrencia,
sin estrella y sin luz, sin la presencia
del Conde y de Dativo y su dictado.

Domingo no apacienta su ganado.
Donó Juan sus estatuas a la ciencia.
A Pepe el viaje se le vuelve  ausencia
y Santiago a sus monstruos ha encerrado.

De Prudencio nos vienen sólo quejas.
A Pollo no le busca ni su tía.
Llegó al río de Emilio la sequía.
Quedóse Villaescusa sin ovejas.

Con Latino y Virgilio allá en su zulo,
La Discreta se irá a tomar por culo**.
 


* El manuscrito Sejano (como es sabido, fuente principal de los Papeles Secretos de La Discreta), en su infolio 10r, presenta la siguiente variante de este cuarteto:

Si no eres digno del menor gruñido
que él pueda publicar en Bastardilla.
Si es indigna tu sangre de vendido
de un mísero mosquito de su villa.

** El manuscrito Sejano, en su infolio 15v, presenta la siguiente variante
de los últimos seis versos:

Los cuentistas de Pepe le echan cuento.
El oficio de Alfredo no da un duro.
Alfonsino se ha vuelto honrado y puro.
A Gutiérrez se lo ha llevado el viento.

Sin Latino y Virgilio La Discreta
se puede pronto ir a hacer puñetas.

NOTA del licenciado Portas: Si no comprendes, Marquitos, el soneto, es porque no has leído suficientes libros de La Discreta, error que, aunque imperdonable, puedes subsanar acercándote inmediatamente a tu librería más cercana (si es que no vives entre ásperas breñas y rocas duras) y adquirirlos (lo cual redundaría en singular beneficio de tu menguado entendimiento).

Égloga de Domingo Tera (edición de Fernando Arias)
Glypthoteca, de Juan Manuel Gómez Tirado
Países extranjeros, de José Miguel Junco
Tremendo arcángel, de Santiago López Navia
Las cartas americanas de Prudencio Armengol, de Luis Junco
El Cancionero de Pollo Sanguineti (edición de Guillermo Alonso del Real y José maría Alfaya)
El río, de Emilio Gavilanes
Erótica rural, de Adolfo M. Martínez
Una familia de cuentistas, de José García Caneiro
Oficio miserable, de Alfredo Gómez Cerdá
Penas & Olvido, de Hernán Rossi
Gutiérrez se presenta y Gutiérrez y el Imperio del Mal, de Andrés Gastey.
 


 

Responde en dos horas el bachiller Marcos Coso a los ponzoñosos dardos del licenciado Portas...

Soneto
(Al insufrible censor).

El orbe no ha quedado puteado
por haberse callado tanto vate,
que es el sufrir a tanto botarate
la causa y fundamento de su estado.

Pretendes ser brillante en tu dictado
mas es compendio y puro disparate,
de tópico, de insulto, de dislate:
tu torre de marfil se ha derrumbado.

De Félix nunca hollé su bodeguilla,
del Conde me comentan que desbarra,
pues soy, como García, de los nuevos;

mas sufro a la insufrible figurilla,
que a falta de marfil trepó a la parra
y ejerce de censor y tocahuevos.

 

Respuesta al discreto senado de Sir Yago de la Eterna Encrucijada

Sir Yago de la Eterna Encrucijada, caballero aventurero ma non troppo, llama, con contenida vehemencia, al discreto senado a la moderación y al sosiego

¡Pardiez, y cuán revuelto baja el río!
¡Con qué furor debaten los discretos,
urdiendo imprecaciones en sonetos
que rinden homenaje al desvarío!

¿Por qué, decid, aqueste pío pío?
¿Ya nadie brinda al Conde sus respetos?
¿Quebráronse los votos tan perfetos
que hicimos tiempo ha con tanto brío?

¿Dó está la lealtad? ¿Dó la constancia?
¿Tornáronse basura, lodo, escoria?
¡Acabe ya esta bulla mentecata!

¡Cuán frágil la que fue perseverancia!
¡Cuán débil gratitud, y la memoria,
cuán leve, cuán mezquina, cuán ingrata!

 

Reitérase el Brigadier García

Vuelve al ataque el brigadier, a quien nadie ha dado vela en este entierro, y lo hace sacando del plumier un soneto que suena como un “berro”

             Soneto

Menudo despelote que han montado
las ausencias del Conde y de Dativo;
harto tiberio, y más, superlativo,
que no parece aún que haya acabado.

Insiste en su reproche el licenciado,
y quiere, al bachiller, verlo cautivo
de la causa, el pretexto y el motivo
de algún que otro discreto camuflado.

Tercia  Sir Yago y, con razón, requiere
que se acabe, pardiez, con este hartazgo
de bullas, de pitanzas, de serrallos,

ladrillos y ladillas. Pues se infiere
que, aún, del Conde, persiste un patronazgo
que tiene más valor que tres carallos.

                                                 (El brigadier García)
 

 

Queja del licenciado Portas

Duélese amargo el licenciado Portas
de que por buscar fines acertados
ostias le caigan por todos los lados

Soneto

Sé que he abierto la caja de los truenos,
mas sea bienvenido el alboroto,
aunque deba beberme los venenos
que algunos regurgitan del escroto.

Lo sufriré con ánimos serenos
(aunque al leer ciertas cosas casi poto)
con tal que Félix haga cuentos buenos,
que rompa el Conde de silencio el voto.

Mueve a García el fútbol y el relajo.
Sir Yago de templar gaitas se ocupa.
Marcos Coso de echar espumarajos.
 
A mí en cambio me duele y me preocupa
que esté el Conde tocándose el badajo
y Dativo lamiéndose las pupas.
 

 

Tercia cierto neodiscreto perplejo

¿Existió el Conde a quien tanto se invoca?
¿Vive por ahí un supuesto Dativo?
¿Quién podrá ser el Marcos Coso esquivo
cuyo rostro es duro como la roca?

¿Qué oculta tanta pseudonimia loca?
¿A qué fin tanto insulto colectivo?
¡Cuánta ínfula en este parnaso altivo
que a propios y a extraños nos descoloca!

¿Será que, cuando se atisba el verano
la Academia incurre en el juego vano
por no tener otras obligaciones?

Ya exhibisteis vuestras plumas, señores.
Volved a vuestras discretas labores:
basta ya de tocarnos los cojones.

 

Acomete el reverendo Carlos Juliá Braun a los sedicentes discretos con la fusta de su superioridad moral y los tacha de muelles, pitopáusicos y herejes en el siguiente

Soneto

¡Que me place esta sarta de improperios,
nostálgicos elogios del pasado,
argumentos a cuál más enojado
y versos enojosos más que serios...!

Mucho más os valdría, celenterios,
dedicaros a oficio contrastado
y no a intentar fingir que no han dañado
a vuestro ingenio vuestros climaterios.

No me importan Dativo ni Ablativo,
ni si Abascal es conde o es condesa,
ni si Portas y Marcos riñen vivo;

con san Benito os digo -él bien lo explica-
que quien ora y labora a Dios confiesa
y al Diablo el haragán que versifica.

Y os lo resumo sólo en dos plumazos:
¡poneos a cavar, so poltronazos!

 

Respuesta a los discretos por la Damisela Julia

Ya está bien, cuarentones, de lanzaros
sonetillos con viejos resquemores.
Sois igual que bucólicos pastores;
la verdad, sirven para masturbaros.

Nueve se les hincha a ellas la panza
ni un mes más, pues de ahí no pasa.
Y el valor o las causas de tal masa
defender ¡imposible! tan a ultranza.

Ni aun niños, ni el kurro, ni buen vino,
ya nos sirven de excusa pa sumirnos
en ese "anochecer" de literato.

La grasa acumulada por cetrino
ninguna cosa es para decirnos
que se embotó el cerebro hace ya rato.
 

 

Se suma a la polémica el botones Gregoriete quien, pese a su corta edad y escaso entendimiento (por haber carecido de una formación intelectual adecuada, esto es, similar a la de muchos miembros de este senado, pues a los 12 ya andaba acarreando maletas y baúles), manifiesta estar un poco saturado de esta, para él, controversia estéril.

Soneto

Es palmario que sufren los discretos
el síndrome de estar frente al ocaso:
sabemos que el Dativo es todo un caso,
¿han quedado sus héroes ya obsoletos?

El Conde se ha extraviado en vericuetos,
al olor de los coños del Parnaso:
"¡Qué escriban otros ―dijo― que yo paso!"
¿Qué se hizo de sus lúbricos sonetos?

Y siguen ofuscados y de morros
el Coso, el brigadier y el licenciado,
ceñudos en sus ásperas disputas,

sin reparar, hatajo de ceporros,
en que aquellos que habíanse encumbrado
permanecen callados como putas.

(El botones Gregoriete)

Se añade además, la grata sorpresa de esta brevísima aportación de la asistenta Petra María Belinda Edwards del Castillo (emigrante sin papeles y amante de Gregoriete), que hace camas en la quinta planta del hotel, y por su natural oficio es dada a la horizontalidad y al esfuerzo reposado, lo cual demuestran su curiosa versificación y capacidad de síntesis.

Sonetillo
(Por Petra María)


Ceñudos
lectores,
cantores
boludos.

Y mudos
autores;
censores
sañudos.

Cuentistas
rentistas,
follones.

Poetas,
estetas,
¡huevones!
 

Contesta enfurecido el reverendo. Carlos Juliá Braun a la damisela Julia

Iracundo esta vez ante la incursión de una mujer en tarea que ya de hombres cabales sería indigna, el reverendo Carlos Juliá Braun arremete contra la llamada Damisela Julia, que al coro de indiscretos aporta la irreflexiva liviandad propia de su género, y como de pasada duélese de hemorroides, en dos

Octavas reales misóginas

No hace falta que tú nos corrobores
"que se embotó el cerebro hace ya rato",
que de tus versos muestran los horrores
que el tuyo, al tú nacer, quedó nonato.
Ocupa tu ocurrencia en las labores
más propias de tu condición y trato,
y no hagas como aquella sor Juaneja
que confunda el Señor: no seas hereja.

Llámaste damisela, cacho impúdica,
mas apestan tus sílabas a aldeana;
créeste, tan ilusa, musa lúdica
y tienes menos gracia que Zaplana;
a los pantanos debe la palúdica
lo que a tu estro infecto mi almorrana:
condenaraste al fuego de la hoguera
por impía, por fea y por hortera.
 

 

Interviene el licenciado Gomecillos

Soneto optimista y conciliatorio con que el licenciado Gomecillos, repuesto ya de la estupefacción causada por la justa poética, interviene para animar a ilustres discretos a tomar de nuevo la pluma, al tiempo que declara la causa de su silencio y manifiesta al licenciado Portas su zozobra.

 Lejos de la Discreta está el ocaso
que predice un soneto
quejumbroso.
Nuestro estro aguijonea impetuoso:
vacía la botella, lleno el vaso.

Que Dativo apareje su repaso;
que el Conde cante, clausurado el coso;
que Tera pastoree nemoroso
por las fragosas breñas del Parnaso.

No fue el fútbol lo que me descompuso,
ni la Feria me echó del paraíso,
ni me calló el pecado del exceso.

Fue el magma informe, el dédalo confuso,
el caos perpetuo, el fárrago insumiso
de los descerebrados de la E.S.O.

Y al licenciado Portas:
que me turba y me pesa en la conciencia
entregar mis estatuas a la ciencia.

 

Despiértase el 'celo' apostólico del abate Rijo, 'levantado' por la milagrosa aparición en el debate de un núbil damisela

Soneto
(I' mi son pargoletta bella e nova
                                        D.A.)

Ingenua jovencita: ¡qué inconsciencia
traer vuestra inocencia a esta disputa,
si a la puta reputa se reputa,
¡qué no harán con tu tierna adolescencia!

Pues son los cuarentones mala fruta
con un gusano gordo de excrecencia,
y usarán del soneto y la sentencia
para hollar el zaguán de vuestra gruta.

Venid a arrodillaros al instante
e inclinad la cabeza hacia lo hondo,
que al veros, querubín, tan ignorante

de todo cuanto es duro y es redondo,
la verdad por detrás y por delante
dan ganas de metérosla hasta el fondo.*


*En el manuscrito Sejano (22r) aparece la siguiente variante, que aunque
evidente lectio facilior, conviene que aquí sea presentada:

que al veros, querubín, tan ignorante

y viendo vuestro honor mondo y lirondo,
la verdad, por detrás y por delante
dan ganas de metérosla hasta el fondo.


Llamamiento al orden y al decoro de los cautivos de la Goleta

Desde los baños del Infiel, los exiliados se preguntan absortos cómo en tierras del Rey Católico se desperdicia tanto ingenio y donosura haciendo ripios infectos en lugar de arrimar un poco el hombro. ¿No será que nunca nos llamó Dios por los caminos del árido trabajo editorial, sino que lo que nos complace es trincar alegremente por los prados tocándonos la lira?

Alucino pepinos, compañeros,
al ver que os sobra el tiempo a manos llenas
para hacer los sonetos por docenas
presumiendo de ser buenos troveros.

Pensé yo que al decir érais sinceros
que teníais disculpas y eran buenas
para no compartir trabajo y penas
con lectores, imprenta, tesoreros.

El afán de exhibiros sólo apunta
a que dar vuestro tiempo nos os da enojos
y por tanto me hago esta pregunta:

¿No es acaso mejor que a versos flojos
dedicar los esfuerzos a una Junta
que nos saque de números tan rojos?

                         (Los cautivos de la Goleta)

 

 

¡Por fin se manifiesta el Conde!

Caros Discretos

El Conde no está, ni se le espera. Dejó mandado que no le importunase nadie durante la feria isidril, pues -consuetudine sua- había dispuesto acudir a todos y cada uno de sus festejos; y dejó dicho también que, concluido tan magno evento, pensaba tomarse unos días de asueto, bien lejos de la Corte, para recobrarse de tanto desgaste intelectual y afrontar, pleno de vigores pre-estivales, el vigente Campeonato Mundial, de cuyos aguerridos lances tiene previsto hacer un seguimiento exhaustivo (incluidos el Angola-Irán y el Corea-Togo). No se espanten, por ende, Vuesas Mercedes de su displicente silencio, sólo turbado por un curioso papel que, otra vez con tufos de ultratumba, llegó hará un par de días a su Casa. Leíselo, escuchólo y encomendóme que lo enviase con presteza a Vuesas Mercedes; y que, de paso, yo mismo encabezase la misiva con un sonetillo introductorio de los que él en persona me enseñó a construir. Hícelo así, y etc.
Queda a los pies de Vuesas Mercedes

Joan Sermó,
Secretario de la Casa de Abascal.

 Andaba a sonetazos la Discreta
por un quítame allá no sé qué holganzas
(que si, entre evaluaciones y crianzas,
tiene el Dativo la su pluma quieta;

que si Abascal, tras la condal careta
de sesudo varón, se da a las chanzas
y tan sólo reparte sus privanzas
entre el pase de gol y el de muleta...),

cuando, al sentir aquel rimar certero
-¡y al itálico modo, como es pauta
de obligada observancia en el corrillo!-,

dejó el Marqués la paz del pudridero
y, al son de la zampoña y de la flauta,
le endilgó esta serrana al Serranillo:

 

Serranilla del Serranillo
(o “El Marqués, en defensa del Conde”)

Moço tan zoquete
non vi en llano o pico
como ese Juanico
que hay en Alpedrete.

Faziendo la vía
de la Complutense
a la serranía
ruda matritense,
lo vi tan majete
que a ver cómo explico
quién es el Juanico
éste de Alpedrete.

Con tanto contento
sus fardos cargaba
sobre su jumento,
que nadie notaba
si iba de jinete
o iba de borrico
aqueste Juanico
que hay en Alpedrete.

A cuanto serrano
topaba en su ruta
decíale: “¡Hermano,
del yugo disfruta!
¡Abraza el grillete
que yo reivindico,
que soy el Juanico
ése de Alpedrete!”

Pasada la curva
de Torrelodones,
gritaba a la turba
de los hobachones:
“¡Venza, al cubilete,
la pala y el pico!
¡Lo dice el Juanico
que hay en Alpedrete!”.

Llegado al desvío
de Majadahonda,
pasó al lado mío
y, al verme en la fonda
bebiendo anisete
y holgando cual mico,
me dixo el Juanico
ése de Alpedrete:

“Marqués, deja el vicio
de toros, Mundial,
pereza y fornicio
que ofusca a Abascal,
o irás al garete,
te lo pronostico.
Haz caso a Juanico,
que soy de Alpedrete”.

“¿A qué te dedicas
-dixele- tú agora,
que sólo practicas
el ora et labora?”.
“¿No ves mi bonete?
¡La virtud predico!”
-me dixo el Juanico
ése de Alpedrete.

“Zahiero a los vagos,
trabajo a porfía,
y por estos pagos
de la serranía
non hay gabinete
ni grande ni chico
do no entre el Juanico
éste de Alpedrete”.

“Y si acaso topas
con una serrana
ligera de ropas,
donosa y lozana,
¿te pone en un brete
darle un repasico?
Contesta, Juanico,
moço de Alpedrete?”

“Lo cierto es, Señor,
que, en viendo dos tetas,
toda mi labor
mando a hacer puñetas;
do huelo a casquete
yo meto el hocico,
a fuer de Juanico,
galán de Alpedrete”.

Bien como riendo
díxele: “Marrajo,
agora ya entiendo
tu amor al trabajo:
con él de alcahuete
te sobra el pellico...
¿No es cierto, Juanico,
bribón de Alpedrete?”

Por eso a las mozas
que en tu ruta catas,
primero las rozas
y después las matas,
clavando el florete
en el acerico,
taimado Juanico,
zorro de Alpedrete.

Así que no finjas
apego al trabajo,
ni al Conde restrinjas
tocarse el carajo.
Muda el sonsonete,
no aprietes tantico,
que, más que Juanico,
pareces juanete...
 

(¡coño, y de Alpedrete,
yo lo certifico!).
 

 

Interviene Sir Richard, un hijo de la Gran Bretaña

Excelsos compañeros y discretos,
Si tiempo habéis de componer jocosos
Versos, rimar insulto: estáis ociosos
Y perdéis horas pariendo sonetos.

Mientras a mí me asedian mamotretos
De estilos verborréicos, escabrosos
Relatos, y dramones oprobiosos
(Y todos ellos de errores repletos).

Dejad, os ruego, el poético combate
De rimados ataques y escarceos.
Dejad, os pido, estas guerras verbales

Y no insistáis en tan futil dislate.
Hacedme caso todos y jodeos:
Poneos YA a leer originales.

 

Persiste Sir Yago de la Eterna Encrucijada en la llamada a la calma, erigiéndose en paladín del solaz del Conde y excusando elegantemente dos consonantes soeces*, por no hacer mudanza en sus costumbres

¿Quién dijo que el relajo fuese ausencia?
¿Quién turba de Abascal el regocijo
que guarda el dulce ocio en su entresijo?
¡Quién osa decir tal? ¡Ved qué insolencia!

A ciertos vates vagos me dirijo:
no quebrantéis del Conde la paciencia.
Descanso es su silencio, no indolencia.
No confundáis un churro con un páncreas*.

¡Aquí de los discretos sin fisura!
¡Oh brigadier García, acude al punto
con tu valiente sable y cien aviones!

Retorne a los discretos la mesura,
o acabaremos todos, me barrunto,
exactamente hasta donde dijimos*.

 

En defensa del primo Donate

El Caballero de las Fricativas aguija desde ultramar a su dilecto amigo Dativo

Pardiez que cacarea este gallinero,
pues nunca de un silencio oí tal bulla
si tanto se demanda cosa tuya
no seas parco, donate en cuerpo entero

¡Desmúdate Dativo! ¡zalamero!
¿no te afectó el rejón? ¿la sorna suya?
¿no acusaste la punta de la pulla*?
Si encarnas un escarnio sonetero

¡Ya despierta! ¿no ves cómo te esperan?
Saca lustre a la lengua de Cervantes
Muéstrales que las musas te veneran

(Qué remojen las barbas si se enTeran
algunos vates vagos, ignorantes
que afilados cuchillos les esperan) 


* La variante Sejano propone otro verso que los borrones en el manuscrito hacen  ilegible, así reza:

“¿la p..ll.. que soplaron no era tuya?”


 

Se lamenta el bachiller Marcos Coso de que La Discreta y los discretos sean tan complacientes con el clero beligerante que no soporta los nuevos aires de los tiempos modernos y vive anclado en su rancio pasado. Evidentemente, me estoy refiriendo a las intervenciones del abate Rijo, o Pijo o como demonios se llame, y al tal reverendo Braun (¿tiene relación con las máquinas de afeitar, según su querencia a la censura de la mujer?. La historia nos ha ofrecido hartos ejemplos de la nefasta presencia de la iglesia en la vida de las gentes. Por eso, el bachiller vitupera la complacencia con que se publica, bonitamente y sin pudor, las reaccionarias diatribas de estos facciosos.

 

Soneto
(Contra el clero montaraz y reaccionario).

 Ahora que remite la tangana
(que Portas
encendió con su censura),
emergen con siniestra catadura

los diablos de la cruz y la sotana.

Acusan de cateta y de marrana
a cierta damisela honesta y pura,
y añaden sin rascarse la tonsura,
que es impía, que es puta y casquivana.

Y asisten los discretos complacidos
de oír de los abates y prelados
denuesto a las mujeres repelente;

repudio yo a este par de reprimidos,
que viven al manubrio condenados,
pues nunca la metieron en caliente.

 

                      (El bachiller Marcos Coso)

 

 

El reverendo Carlos Juliá Braun se siente vejado so la figura y carácter de un tal Juanico de Alpedrete, monta en cólera, desmiéntelo todo y maldice al maledicente de temible maldición.

 
Encontrome el Marqués dando en la sierra
la bienaventuranza al fiel serrrano;
agora me difama a salva mano
y a defenderme oblígame en vil guerra.
 
¡Jamás gasté florete, pues me aterra;
que mi daga es bastante a cortar sano!
¡Jamás rocé doncella, mal cristiano;
pues quien doncella juzga, fijo yerra!
 
Quién sabe con qué infiel me ha confundido
(quizá el que hollaba de su madre el nido),
y en público hame dado por rijudo;

mas si no se disculpa por su parte,
por mi fe en el Señor, que es mi baluarte,
que aquese bujarrón me como crudo.

 

Aprovecha la prórroga el neodiscreto perplejo.

Parece que ya no llueven gargajos:
se aplacaron los fallidos poetas.
Falsos marqueses, botones, estetas,
regresarán a sus grises trabajos.

Hemos alcanzado extremos muy bajos
urdiendo ripios sin traza y sin metas:
rimaron críticos y apologetas
comistrajos con badajos y carajos.

Se distingue entre el coro de insensatos
la voz cautiva de la Berbería
que advierte: “ZP, a tus zapatos”.

¡Cuánto mejor a todos nos iría
dedicando nuestros mejores ratos
al quehacer editorial día a día!

 
 
 
El Brigadier se siente interpelado por los requerimientos de Sir Yago y contesta en consonancia con las invectivas del Bachiller Coso contra la clerecía.

Pide, presto, calma el buen Sir Yago.
Mesura exige con vocablos
finos.
Requiere, de mí, el sable, ¡hasta aerodinos!.
¿Qué espera de mi acción?, ¿ver si la cago?.

Cual nuevo Lanzarote, aquél del Lago,
defiende el Bachiller los más divinos
valores de una dama y de supinos,
siniestros y facciosos –vaya un trago-

califica a los miembros clericales.
Si hace esto con tamaños señorines,
¿qué no hará si algún cúmulo de males

es resulta de un pleito de “espadines”?
No uso de actuar como esos tales.
Canción y vino ofrezco, ¡y no cojines!.

 
Uno nuevo, El Doncel de Siguenza 

Estoy hasta los huevos del soneto
que castiga, reprende y da la lata
a quienes, lejos de meter la pata,
por discreción merecen más respeto

 Nada alegre resulta ese cuarteto
que imponer su medida, su as de cata,
pretende a lo mejor, la flor y nata,
que huye de la consigna, huye del veto.

Por confundir entregas con impuestos,
por creer que esos son mucho más que estos
de cualquier menester yo me licencio.

Porfiad cuanto queráis, aunque después
se os tomará por indiscretos, pues
del discreto la joya es el silencio

 

¿Qué es estro?, aclara para sí el neodiscreto atontolinado, otrora perplejo

Celo, lombriz o mosca cojonera:
no es el estro aquello que pareciera...

Con ínfulas de clásico maestro,
Gomecillos, poeta accidental,
perpetra su soneto ritual
refiriéndose al vigor de su estro.

Aunque él guste de presumir de diestro
epatando con estro al personal,
consultada la Academia Real
supe que, en realidad, es un cabestro.

¿Qué es estro? Nos lo dice el diccionario:
Es un parásito o mosca vellosa
Que aguijonea a los bueyes a diario.

Dícese, en fin, de la época celosa
Y del ardor lírico y literario:
Esto del estro no es así gran cosa.

 

Replica una dama, de nombre Eva

Acaso un Real cabestro?
Que no zurdo, sino diestro
Busca palabras ´desperado´
Funcionando su cerebro
Ingenio, a diestro y siniestro?
 

Despídese el licenciado Portas, no sin antes reprehender al reverendo Carlos Juliá por su falta de discreción, de mesura y de entendimiento, y por no conocer las costumbres que rigen en la cofradía discreta

Reverendo Juliá que Dios confunda,
¡qué modo es ese de hablarle a una dama!
¿Será que vuestro rijo no secunda
y no podéis llevárosla a la cama?

¿Y cómo dirigís tal barahúnda
al Conde, sin respeto por su fama?
¿Será que ignora vuestra parla inmunda
los usos que regulan nuestra aljama?

Si es de palo no más vuestro sirope,
¿será que estáis de ayuno religioso?
¿será que sois oyente de la Cope?

¿o acaso confesor de Marcos Coso?
Y si a la ley discreta estáis miope,
será que sois un suscriptor moroso.


Despedida

Al menos que segregue sí he logrado
el Conde de Abascal su mala baba,
mas de Félix ni un triste pareado,
y menos de Ferrán de Calatrava.
Y me encuentro además ya muy hastiado
de andar rimando por pelar la pava.
Por eso me despido con decoro,
callo ya y hago mutis por el foro.

 

Responde al licenciado Portas la dama, de nombre Eva

Si no fuera o fuese de su agrado
Permiso le doy para la reprimenda
Que sabido es, de damas y princesas
Su gusto por la contienda.

Y si no fuese o fuera por ese tiempo,
Maldito y ladrón de placeres
Sustituto ideal de mujeres
Conocido por ´trabajo o quehaceres´
Pregunte si duda a ´Don Mendo´..
El día entero pasase
Contestando, febril, a sus mensajes.

 

Ante las virulentas chanzas del atontolinado neodiscreto, el licenciado Gomecillos, recordando ese esclarecedor pasaje neotestamentario de “la paja en el ojo ajeno...” o aquella otra sentencia, no menos ejemplarizante, que invitaba a no juzgar para no ser juzgado, se ve en la obligación de añadir este

SONETO CRÍTICO Y REIVINDICATIVO

Cuando disminuía el soniquete,

manda el neodiscreto su acicate,

per se incapaz, per accidens orate,

y con su desvergüenza me acomete.

 

Estimo en lo que vale el remoquete,

mas es desgracia que entre tanto vate

me juzgue un sonetista botarate

que no alcanza a sumar cuatro con siete.

 

Un soneto cabal es un disfrute

y el incesante hiato no se admite,

¡de las secuencias rítmicas azote!

 

Si no logras que el verso te compute

sin licencia once sílabas, dimite

y aprende la lección del estrambote.

 

Abate el capirote,

no sea que en lugar de neodiscreto

te tengan que llamar paleocateto.


 

Nota de Joan Sermó (Secretario de la Casa de Abascal).

Preguntéle anoche a mi Señor (cuando, ya concluido el Italia-Estados Unidos,  se podía leer en la gozosa mirada abascalina la honda satisfacción que había dejado en su ánimo el humillante patinazo cisalpino) si le había enojado señaladamente algún lance particular de la esforzada escaramuza sonetil; a lo que respondió el Conde que, aun habiendo recibido no poco contento y sobrado regocijo con casi todo el aljófar endecasílabo destilado por los ingenios Discretos, había dos poemillas que se le antojaban merecedores de la airada reprobación condal. El uno, la ruidosa y zafia andanada que algún ganapán deshonesto y malcriado había disparado contra una dama poetisa, motejándola de puta por el mero hecho de serlo... Y el otro, ese “bastardo, amondongado y contrahecho” –Abascal dixit– soneto inglés con el que el licenciado Portas quiso atajar la desvergüenza del bachiller Marquitos.

Bien me sé yo desde antaño que el Conde nunca ha sido amigo de estos sonetos que llaman “ingleses” o “isabelinos” –a los que él desprecia y difama con el marbete de “anglicanos”–, pues sostiene Abascal que, siendo perfecto en su aquilatada forma, como lo es, el soneto “fecho al itálico modo”, no hay necesidad alguna de introducir necias mudanzas en su maciza arquitectura; y que todo este afán hodierno de innovar sin descanso en lo que atañe a la apariencia y el vestido no es más que un elocuente indicio del afeminamiento –“amariconamiento”, suele decir el Conde– del mundo en que vivimos. “¿Tan malo es, entonces –me atreví a inquirir ingenuamente– que los Discretos quieran emular, siquiera en los moldes, a Shakespeare?” “Ni malo ni bueno –repuso, grave, el Conde–. Es, lisa y llanamente, una mariconada. Y así pienso advertírselo ahora mismo, de buena fe, al licenciado Portas, con unos peregrinos consonantes que vienen aquí como molde para mofarnos de su apego a lo foráneo; porque en verdad le tengo afecto al susodicho sujeto, y le guardo admiración por sus escritos, y no quisiera, por mor de esa encendida pasión por la pérfida Albión que parece haberle arrebatado hogaño, verle algún día vestido de pies a cabeza por Dolce & Gabbana, como el Beckham”.

Se empieza por trocar a los beati

del divino Alighieri, y sus sonetti,

por el inglés Dante Gabriel Rossetti

y algún vate menor de Cincinnati,

 

y se acaba en tutú, dando staccati,

apostatando del glorioso Atleti,

y abjurando de Alfaya y Sanguinetti

por la aflautada voz de los castrati...

 

Te veo de drag queen en Shanghai-City,

entonando baladas de la OTI

que invitan a gozar del tutti-frutti;

 

travestido, cual Moix, de Nefertiti,

y -ya efébico amor del Buonarrotti-

luciendo mechas rubias... ¡como el Guti!

 

 

Responde a Gomecillos el paleocateto, antes neodiscreto atontolinado, antes neodiscreto perplejo, honrado al haber recibido tan inmerecido tratamiento y título como resultado de su triunfo en la justa poética.

Gomecillos dice ser licenciado

y afirma cultivar bien la prosodia

en un soneto que es cutre parodia,

impropio de este Discreto Senado.

 

Ignoro qué estro le habrá picado:

se indigna, muge, piafa, rabia y odia,

endilga su mal medida salmodia

y queda el cabestro tan oreado.

 

Quien disminuyó su noble apellido

sabiendo que “Gómez” le queda grande

nos castiga con versos sin sentido.

 

Por mucho que se agrande y se desmande

yo no voy a darme por aludido

mientras su estulticia exhibe y expande.

 

 

Poema atribuido al bachiller Marcos Coso, en que su autor se mofa de la espantada del licenciado Portas, que ha puesto pies en polvorosa abandonando la disputa. Algunos estudiosos sostienen que, sin duda, se trata de un soneto apócrifo, compuesto por algún tenaz enemigo del bachiller para desprestigiarlo, dada la bajísima calidad de los versos. Otros incluso, hilando más fino, especulan con la idea de que haya sido escrito por el mismísimo Portas, con la pretensión de fulminar literariamente a su rival Marcos. En cualquier caso, el poema minusvalora las evidentes dotes literarias del licenciado, a la vez que realiza unos planteamientos absurdos y abunda en vulgaridades impropias del genio y del talante del bachiller.

SONETO

(¡Non fuyades, cangalla!)

 

Mirad a nuestro insigne licenciado
cómo huye del combate temeroso,
soltando un olorcillo sospechoso,
que tumba a aquel que pasa por su lado.

 

¿Te crees por el conde liberado
de buscarle las cosquillas al tal Coso?
¿Excusas tu abandono vergonzoso
por estar de la bronca saturado?

 

Después del aguacero que ha caído,
lamento que abandones la agarrada
en manos de más dignos contrincantes;

 

pues eran tus sonetos, engreído,
aparte de un tostón y una cagada,
geniales para usar como laxantes.

 

Respondiendo a Gomecillos, que fustigaba al "fárrago insumiso de los descerebrados de la ESO", Borja Becerra, que está ahora mismo en 4º de ESO (por imperativo legal), y que se ha especializado en la composición de sonetos (si bien es cierto que de un modo muy pedestre), debido a la influencia de su rancio y obsoleto profesor de literatura se sincera en este "soneto", por llamarlo de algún modo:

SONETO

Amarrado al pupitre duramente,
desfila ante mis ojos un lunático
que suelta con sus gestos de maniático
un rollo desfasado y deprimente.

Desempeña su rol penosamente
con ínfulas de divo carismático,
y su discurso oscuro y enigmático
al personal amuerma inmensamente.

De qué sirve saber qué es una jarcha,
o el tostón del que luego te examina,
si no pasas del dos hagas lo que hagas.

Lo que me mola, tronco, es ir de marcha,
pillarme unas anfetas o una china,
y hacerme un botellón de que te cagas.

 

Se incorpora uno nuevo, de nombre El Ermitaño

HABLA EL ERMITAÑO

A esta región oscura y apartada
donde vivo alejado del tumulto
en una gruta estrecha donde nada

me altera ni me ofusca, como un bulto
de la naturaleza, informe y frío,
un monstruo semihumano y semioculto,

llega el eco de infame vocerío
que unos cuantos poetas incipientes
imprimen en el viento, y yo me río,

me río de sus chistes indecentes,
de sus diatribas y sus comecocos,
que muestran la esclerosis de sus mentes.

Habitantes de un mundo para locos
donde el hombre es un lobo para el mundo
y el poder está en manos de unos pocos;

un reino consumista e infecundo,
que es reflejo de muchas perversiones
y la recreación del inframundo.

Por eso yo os invito a estas regiones
donde el sosiego es pasto de las almas
y el olvido es la paz de las pasiones.

Venid a contemplar las aguas calmas
de los arroyos, a sentir la brisa
del prado, a recoger con vuestras palmas

la lluvia y a gozar sin cortapisa
de todo lo que ofrece la Natura,
alejados del odio y de la prisa.

Venid a esta república madura
y buscad una gruta en la montaña
donde llevar una existencia pura
que a nadie ofende y que a nadie engaña

 

Apostilla el Maestro Mariné, musicador oficial de la Corte Discreta junto con su consorte en la cohorte el Maestro Alfaya -que con su pan se las haya-, a plena luz y sin antifaz, excusando su tardanza por mor de no estar ducho en las telecomunicaciones modernas, y ser tan vanguardista y medieval a un tiempo como para haber preferido comúnmente para su pluma el verso rítmico pero libre al aherrojado a la rima y cómputo silábico, para el que tiene tan poca gracia como a la vista está.

Disculpe tan tardía intervención
el Discreto -¡olímpico!- cortejo;
vése de lejos el poco gracejo
con que manejo la computación.

De sílabas, digo, y de ordenación:
a Internete en casa entrar no dejo,
digito un instrumento más añejo
do prima Ritmo, y no numeración.

Mas no rompo mi silencio por ello,
que me valdrá reprobación unánime,
sino que imploro al licenciado Portas

considere mi condición exánime
y no exija música de mi sello,
¡que no hay harina para tantas tortas!

 

El reverendo Carlos Juliá Braun dirige ahora su furor
evangélico al joven Borja Becerra y lo conmina a
abandonar el vicio y las malas compañías.

 

Esta turba de infieles e indiscretos
que niegan al Señor con sus acciones
y el alma entregan a las inficiones
que un bachiller segrega en sus sonetos;

esta cáfila oscura de poltrones,
aristócratas vanos y facetos,
licenciados más truchas que discretos,
pilinguis, brigadieres y botones;

este infernal senado aplaude ahora
los bestiales mugidos de un Becerra
que alardea de drogas y bebida.

Arrepiéntete, imberbe, pues ya es hora;
no imites a los vates de esa Sierra
y abraza del cilicio nueva vida.

 

Arremete el bachiller Marcos Coso contra el Maestro Mariné y todos los pseudopoetas que pretenden ingresar en el particular universo de los bardos, simplemente por combinar cuatro términos mal hallados y peor ubicados. Para estos alegres intrusos, auténticos juntaletras, no parece existir el sentido del ritmo ni el más mínimo decoro. Finalmente, recomienda aquello tan manido como eficaz de zapatero, a tus zapatos.


SONETO

(Al "maestro" Mariné).

Ciertamente es escasa tu destreza,
pues destrozas tus versos de profano,
mejor que te dediques al pïano,
y excuses este alarde de torpeza;

que muestra una tremenda ligereza
quien cuenta con los dedos de la mano
las sílabas de un verso y, tan ufano,
pretende ser poeta en su simpleza.

Pues nunca te llamó la Poesía,
aplícate a tocar tu partitura;
que nadie en este entierro te dio un cirio;

y es de necios tu afán y tu osadía,
que no de discreción ni de cordura
mezclarte con troyanos siendo tirio.

 

Desde hace tiempo se sospechaba que la sedicente neodiscreción no era otra cosa que cáscara de vetusta chapucería y corteza de añeja mentecatez. La trayectoria del neodiscreto-paleocateto ha venido a confirmar recientemente estos extremos, al mostrar a las claras que no tiene ni abuela ni compasión por sus víctimas. Abuela, porque, en un alarde de discreción y objetividad, se autoproclama vencedor de un certamen en el que, al mismo tiempo, es juez y parte; compasión, porque no se da por aludido. En efecto, sigue infectándonos con esas estrofas enfermas y tullidas que, por su propio bien y el de los discretos, requieren la prescripción de las recomendaciones del siguiente

SONETO TERAPÉUTICO

 

No pienses que me puede la venganza

viendo tu colección en la camilla,

ni tampoco pretende la rencilla

cebarse con el torpe que no alcanza.

 

Me incita al abandono de la holganza

el desintoxicar a la cuadrilla.

Y es que tus versos, aun de pacotilla,

desprenden cretinismo y destemplanza.

 

Excesiva, sin duda, fue la dieta

con la que se dañaron tus meninges:

por eso discreción y altura finges.

 

Toma en mínimas dosis al poeta

que del Ponto enviaba sus misivas,

y no serás un necio mientras vivas.

 

          El licenciado Gomecillos

 

 

EL ERMITAÑO ENTRA AL TRAPO

 

Está este gallinero alborotado
y algunos se la dan de muy gallitos,
pero nosotros somos mayorcitos
y no aceptamos orden ni dictado.

 

Sabed el bachiller y el licenciado
que no nos mueven vuestros gorgoritos.
Podéis iros al cuerno a hacer pinitos
y a escribir con afán de aficionado.

 

No queremos lecciones ni paliques
de quien no ha publicado poemario
y aún así se las da de muy poeta.

 

No vayáis de quevedos ni manriques,
y sacad vuestros versos del armario
a ver si os los publica La Discreta.

 

Ofrécese al cabestro una rama de olivo (no para que se la coma, ojo, sino para que deje de rumiar insensateces).

 

Persiste el cabestro en su incontinencia:
jode con la paja en el ojo ajeno,
comete otro soneticidio obsceno
y fatiga una vez más a la audiencia.

Aplaca, Gomecillos, tu impaciencia:
no nos cagues más versos de relleno,
no sigas revolcándote en el cieno
ni nos apestes con tu flatulencia.

No pretendas Parnaso, sino establo,
que es por tu condición lo que mereces
y lo que por tus cuernos te prescribo.

¡Mira que las rimas las carga el diablo!
Deja de inficionarnos con tus heces
y acepta de mí una rama de olivo.

 

 

Venus Desirée Acuña Suárez, Miss Camiseta Mojada del Malecón 2001, madre de alquiler en grado de tentativa y serrana sin papeles, manifiesta su desacuerdo con lo dicho por cierto clérigo y da fe de cómo fue instada por él a compartir la abundancia de sus torneados miembros, que es mucha y sabrosona.

 

No dejéis que ese amante del trabajo,
de la oración, la vela y el ayuno
os llame a confusión; que más de uno
bien lo ha visto tocándose el badajo.

 

Espejo de virtud -¡el muy marrajo!-
se os representa Carlos; mas ninguno
como esta hija del ron y del montuno
sabe el fuego que inflama su carajo.

 

Tentó mis pechos de colipoterra,
agarrome del traste tan orondo
y clavó entre mis muslos hierro aleve.

 

Ni en mi Cuba infeliz ni en Somosierra
vi nunca reverendo tan verriondo
como este Juliá Braun que el Diablo lleve.

 

Asombróse el Brigadier del asombro de algunos dignos discretos, referido al estrambótico estrambote del primer soneto que disparó, en el que, al parecer, de forma un tanto arbitraria y atrabiliaria, unía milicia con malicia. Ahí va una explicación:

En fortuito encuentro, allá en la sierra,
con el ínclito Portas, licenciado,
y algún que otro discreto destacado,
se habló de mi incursión en esta guerra:

 

del extraño estrambote en que se cierra
el soneto primero reportado,
sin que nadie lo hubiera reclamado,
por brigadier volón, que ahora está en tierra..

 

¿A qué viene esa extraña relación
de milicia y malicia? ¿No es curioso
que esas dos voces se usen por parejo?.

 

Comprometíme a dar explicación.
Pues que nadie me tache de premioso
ahí va una breve glosa en ovillejo

 

…o0o…

 

¿Qué se achaca a la milicia?
Malicia
¿Qué hace que tal se vicie?
Molicie
¿Y quien tales males copa?
La tropa.
Puesto que vestí esa ropa,
digo que no siempre es cierto
que estén en el mismo huerto
malicia, molicie y tropa.

 

Habla Ferrán de Calatrava

Querido Pablo, te ruego incluyas en la ya larga y degradada disputa sonetil el archivo que te adjunto, en el que me muestro indignado y furibundo, como pocas veces se me ha visto.

Un abrazo

 

Ya no puedo más. Ante la sarta de bajezas, tosquedades, chabacanerías y memeces mil no se puede permanecer más tiempo impasible. Todo el mundo sabe que, por estas fechas, suelo entregarme al provechoso estudio de nuestros clásicos. He vuelto, con indecible delectación, a maravillarme con el  Fuero General de Navarra, y a leer, por séptima vez, los Anales Toledanos segundos, mucho más admirables, si cabe, que los primeros. He leído, con fruición extrema, la asombrosa Relación de los gastos hechos por el despensero del convento de San Justo y Pastor en Rozuela, y la insuperable Embajada a Tamorlán, de González de Clavijo, autor este que, por su apellido, hubo de soportar crueles burlas en el colegio.  Y ahora ando literalmente sumergido en las entrañas mismas del sintagma verbal, el cual atesora en su interior tales riquezas y tantas inexploradas maravillas, que asombra cómo no le dedican un documental en la 2.

Pero el vocerío de poetastros, enzarzados en sonrojante debate, viene a distraerme de mis gozosas ocupaciones y  a sustraerme de mi arrobamiento intelectual. Porque es tal el estrépito de sílabas desacordadas, y tal la profusión de ripios infectos, que algunos juntacoplas no parece sino que hubieran ido a la academia de Gloria Fuertes (“Academia La Pandemia: sinonimia y polisemia”).

A todos ellos, que perturban sin pudor el solazamiento espiritual de cuantos amamos el arte y la poesía, y por ver si se meten sus plumas de donde se las sacaron, les digo lo que sigue:

Necios, sandios, estultos, majaderos,
tardos, memos, estólidos, dementes,
idos, locos, orates, inconscientes,
porros, zotes, estúpidos, groseros,

toscos, zafios, procaces, chocarreros,
guarros, cerdos, cochinos, indecentes,
chulos, fatuos, soberbios, insolentes,
vagos, vacuos, vacíos, vanos, hueros.

Callad ya, reverendos, brigadieres,
y sufra a Coso el torpe neodiscreto,
que yo no he de sufrir más bachilleres.

Tenedme más temor, y más respeto,
no queráisme apartar de mis quehaceres
u os tengo de endilgar otro soneto.


 

EL ERMITAÑO SE QUEJA DE TANTA PROCACIDAD

 

Está este patio de procaces voces
repleto y de malicia incontenida,
y de la verborrea más manida
que sale de la boca dando coces.

 

Ya sois unos diablos tan precoces
que ni el mismo Diablo os intimida,
y tenéis una lengua retorcida
que lanza dardos duros y veloces.

 

Hacéis la competencia a verduleras,
políticos, fascistas y estudiantes
con vuestros exabruptos asquerosos.

 

Mejor lenguaje tienen las rameras,
mejor vocabulario los cantantes
y un léxico más fino los piojosos.

 

Que la armonía del todo depende de la proporción y medida de las partes; que, de donde no hay, no se puede sacar; que la chabacanería solamente pone de manifiesto escasez de recursos; que ya está bien de dar la murga; y que, pese a su simbología, resulta imposible aceptar la rama de un árbol sagrado por provenir de quien proviene, de otra manera declara el licenciado Gomecillos en el

 

SONETO CONCLUSIVO

 

Éste es el soneto del protocateto,

en metro muy caro a su cortedad.

Encontró refugio en la zafiedad,

a falta de ingenio, el archicateto.

 

Si no hay, ¿qué se obtiene del cenocateto?

Abismo, vacío, carencia, oquedad.

Su gran argumento, la vulgaridad,

le vale la gracia de escatocateto.

 

Megalocateto, cesa en la locura

y la demasía. De enfado y censura,

a insignes discretos, no des ya motivo.

 

Depón para siempre tus formas patosas.

Pasea, descansa. Métete en tus cosas.

Y, donde te quepa, la rama de olivo.

 

Propuesta final del Brigadier

El fútbol acabó y sin gran fortuna,
los tiempos de “Las Ventas” ya se fueron,
exámenes y notas sucumbieron,
tan sólo la calor nos importuna.

No está ya la Academia tan ayuna,
las voces de Abascal al fin se oyeron
(si bien por otras manos se escribieron)
y veinte más ladraron, una a una.

¿No es tiempo de acabar esta disputa,
ahora que el verano nos regala
tiempo, solaz y paz muy bien ganada?

Demos la discusión por resoluta.
Y, atendiendo a un toque de “generala”,
veámonos allá en Navacerrada.

Allí estará implicada
la Discreta Academia, el veintiuno,
para gozo y placer de más de uno.

 

Comunicado del gobierno cubano a propósito de la disputa a sonetazos

 

Desde el ministerio del interior cubano, deseo dejar constancia acerca de la calidad humana de una persona subversiva y peligrosa anticastrista, que apareció recientemente por este foro. Me refiero a Venus Desírée Acuña, la conocida como "Miss Camiseta Mojada del Malecón 2001". Estamos en posesión de unos papeles que demuestran claramente la catadura de esta antipatriota, nacida en La Habana Vieja y huida como balsera a Miami y después a España en 2002.


Les ofrezco una breve muestra de dichos documentos en que esta opositora traiciona nuestra gloriosa revolución:

 

Critica la belleza de La Habana...

 

Casas que se caen de viejas,
paredes, techos mugrientos,
carros antediluvianos
ahítos ya de kilómetros.

 

Arremete contra nuestra economía, nuestra moral, nuestra historia...

 

El turismo es ahora en Cuba
el opio nuevo del pueblo,
mal dañino y necesario
si se quiere alzar el vuelo.
Él trae males y bienes,
socava los fundamentos;
trae dólares, desdichas,
trae pesar y consuelo.
Las calles de las ciudades
rebosan de jineteo:
echar al dólar el lazo
es ahora el nuevo credo.
Los mitos son del pasado
y el pasado ya está muerto...
¿Quién es el Che? ¿Quién Martí?
¿Quién es Camilo Cienfuegos?

 

Augura un futuro nefasto...

 

La vieja madre soviética
tiene ya secos los pechos:
se acabó lo que se daba,
hay que despertar del sueño...

 

Se mofa de nuestros lugares de esparcimiento...

 

Otro sitio grato ha sido
La Bodeguita del Medio,
donde Hemingway solía
ponerse a mojitos ciego...

 

Y no sigo más. Es de un altísimo interés para mi gobierno localizar y detener a esta subversiva. Si alguien tiene algún dato sobre su paradero, hágamelo saber. Hay una recompensa en puros Cohibas muy jugosa... Y aconsejamos al reverendo Braun que se mantenga alejado de semejante arpía, si no quiere pasar el rato arrancándose ladillas.

 

Boris Vladimir González Prieto, Servicio de Información.

 

Despídese el neodiscreto, apesadumbrado por ver que el cabestro, sin duda molesto con su estro, sigue dando coces. Con las mismas, desea a la Academia holganzas y provecho canicular.

¡Pardiez! ¡Cómo el cabestro es pertinaz!
Vuelve otra vez con un soneto atroz,
insiste en ser soez, se hace el feroz
y con acidez rechaza la paz.

Deja, incapaz, tu prédica falaz
y el disfraz de poeta audaz y veloz.
Haz el favor de silenciar tu voz
procaz y voraz de buey lenguaraz.

Tu soneto “convulsivo” es la hez
de quien tiene de adorno la testuz
y el mismo talento que una lombriz.

Cesa en la praxis del ripio infeliz.
Carga tú solo tu sórdida cruz:
estamos hartos de tu estupidez.

 

Venus Desirée Acuña, ofendida, niega la autoría del defectuoso romance contrarrevolucionario que le atribuye el inspector Boris Vladimir González Prieto, viejo conocido suyo, en el siguiente

SONETO

Jamás hallé yo embuste tan radiante
como el que manda Boris desde Habana;
pero no me sorprende: a su banana
dice mazo pilón, siendo guisante.

“Kilómetros” no dan, ni en asonante,
junto a “techos mugrientos” rima sana;
que, para acreditarme de fulana,
no hacía falta tacharme de ignorante.

Una será rabiza y sin papeles,
pero no analfabeta ni fautora,
aunque diga verdad, de ese coñazo.

¿Acaso, Borisín, es que aún te dueles,
rencoroso, infeliz, de aquella aurora
en que diste tremendo gatillazo?
 

 

El reverendo Carlos Juliá Braun regresa de unos ejercicios espirituales y, ofendidísimo, comenta la presencia de elementos exóticos en el foro discreto en el siguiente

SONETO CON ESTRAMBOTE AMENAZANTE

Ahora que se despide el neodiscreto
y no taladra ya nuestros oídos;
ahora que licenciados mal cumplidos
los ripios guardan para su coleto;

ahora que, acobardado en su secreto,
del Conde no escuchamos más gruñidos
y que todos regresan a sus nidos,
de la Antilla nos llega un nuevo reto.

¡Acorredme, santos José y Josefa!
De impotente, rijoso, pajillero,
moroso y lenguaraz me han motejado;

mas no toleraré que me hagan befa
una negra de atómico trasero
y un esbirro de Castro paniaguado.

Y si no se retractan
-lo juro por la Virgen casta y pura-,
con la radial les hago una tonsura.