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Ha desempeñado una buena variedad de trabajos (ha sido ordenanza, ha trabajado en Correos, en un diccionario, ha dado clases de español para extranjeros y de lexicografía, ha sido librero, becario de IBM...), pero confiesa que donde más ha aprendido y más ha disfrutado ha sido en las excavaciones arqueológicas en las que ha participado. Además de cuentos, artículos, reseñas, e incluso algún poema, en revistas, ha publicado dos novelas, La primera aventura (Seix Barral, 1991) y El bosque perdido (Seix Barral, 2000), y un libro de relatos, La tabla del dos (premio NH 2004). El libro: Las historias que componen El río imitan en su multitud y en su longitud desigual la diversidad de los cursos que desembocan en una gran corriente. Por sus páginas desfilan aventureros, exploradores, bandidos, monjas, guerreros, mercaderes, piratas, campesinos, ermitaños, emperadores, mendigos, asesinos... hombres y mujeres, niños, viejos, gente con una vida azarosa, procedentes de todas las épocas. En este viaje que comienza en la remota prehistoria descendemos por las aguas del Tiempo y asistimos, en los escenarios más diversos, a batallas, naufragios, crímenes, actos heroicos, y mezquinos, revelaciones, que guardan su clave en detalles laterales, secundarios, casi invisibles. Luis Mateo Díez, autor del Prólogo, nos dice a propósito de ese viaje:
– Más Información: Texto leído por Emilio Gavilanes en la presentación del libro en el Instituto Internacional de Madrid
En un bloque de viviendas vamos de piso en piso, habitación por habitación, asistiendo a lo que pasa en cada una de ellas durante unos pocos minutos. Somos testigos, de manera sucesiva, a través de conversaciones y escenas, de lo que está ocurriendo simultáneamente en todo el edificio. En esa minúscula gota de tiempo queda atrapado, como en un trozo de ámbar, un significativo fragmento de realidad. Poco a poco se va componiendo el mosaico de la vida, con piezas de apariencia casual, en las que están disueltos los temas de nuestro tiempo: la memoria, el miedo, la amistad, el sexo, el paso del tiempo, el placer, la enfermedad, la muerte, la decepción, la soledad... Todos los episodios quedan interrumpidos por un ruido que sobresalta a los personajes y que mantiene la intriga del lector. Emilio Gavilanes (1959) publicó en La Discreta en el año 2005 El río (finalista del III Premio Setenil al Mejor Libro de Relatos Publicado en España), que tuvo una una magnífica acogida. "Sabia utilización de la sutileza y la insinuación, próximas muchas veces a esa ambigüedad sugerente de la poesía", "El arte de la elisión, de la elipsis, manejado con una eficaz e intensa capacidad expresiva" (Sabas Martín); "Prosa impecable" (Victoria Martín Niño); "Textos que llevan la marca indeleble de la más hermosa y emotiva escritura", "Sutileza narrativa " (Luis Mateo Díez); "Perfecto equilibrio entre impacto, variedad y originalidad de la anécdota, por un lado, y hallazgo y cuidado estilístico, por el otro; sustancia narrativa (muchos y bienhallados motivos) y sustancia poética; conmoción, por lo narrado, y emoción estilística" (Pedro Mariné), fueron algunas de las cosas que se dijeron. Antes de El río había publicado las novelas La primera aventura (Seix Barral, 1991) y El bosque perdido (Seix Barral, 2000), y el libro de relatos La tabla del dos (Premio NH 2004). Gavilanes nos deslumbra ahora con esta "bellísima historia fragmentaria", su siguiente ejercicio narrativo, que nos llega junto con los juicios de sus primeros lectores: "relato espléndido y sobrecogedor", "pequeña joya literaria", "resumen de la absurda y actual condición humana fugaz y sin sentido en el Universo". Desde el principio llama la atención la estructura de Una gota de ámbar, una estructura fresca, original, que nos permite ver la realidad (lo visible y lo invisible) desde diferentes puntos de vista. Pero, seguramente, con ser interesante, no va a ser la forma, lo que nos cautive, sino lo que contiene, la multitud de vidas que se cruzan fugazmente ante nuestros ojos, que podemos reconstruir a partir de un fragmento, y cuyo secreto llegamos a vislumbrar; el paisaje humano en el que está contenida la misteriosa variedad del mundo. Un universo en miniatura presentado con un estilo directo, sin adornos. – Más Información:
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