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El libro: Si tuviera que definir de algún modo Diario de un presentimiento diría que es un libro en el que la aparente oscuridad emocional en la que se ven envueltos los personajes se ve iluminada, por paradójico que parezca, por la luz que sus propias emociones generan. El destino de los personajes que recorren sus páginas cumple con la única verdad que conozco en la literatura: la verdad emocional, la verdad que subyace a los actos y los determina cualquiera que sea la circunstancia en la que se encuentren los personajes y cualquiera que haya sido el tiempo transcurrido desde que esos sentimientos se originaron y empezaron a marcar su destino. Los relatos de este libro son relatos nacidos de una necesidad que yo mismo desconocía hasta que se fueron escribiendo ante mis ojos, relatos que cumplen con viejos sueños literarios y tratan de responder a viejas deudas con algunos grandes autores que me enseñaron que no existe relativismo cuando una persona siente o sufre, busca o se interroga, que no existe error posible al concretar una opción entre todas las posibles para el mundo en el que se desenvuelven nuestros personajes porque también ellos están vivos y deben elegir irreversiblemente su curso, su carrera, su felicidad o su hundimiento. Diario de un presentimiento es una suerte de conspiración por parte de quien cree en una verdad que nos salva y una mentira que nos condena. Ramón de la Vega Como el propio título indica, en Diario de un presentimiento Ramón de la Vega se propone una minuciosa exploración de nuestra cotidiana experiencia interior. En estos relatos, el día a día de los personajes está poblado de reminiscencias, intuiciones, presentimientos, emociones, recuerdos, obsesiones, fugas y apariciones entre consciencia e inconsciente..., todo ello dotado de una materialidad intensa y acuciante que lo hace tan real como –o aun más que– la rutina exterior. El lector se encuentra así en un mundo que, sin escapar a la normalidad de nuestra vida (las ciudades, el trabajo, los estudios...), alberga instantes mágicos y misteriosos que, más que presentarse como iluminaciones o revelaciones, subyacen constantemente a los gestos más habituales, a las más apagadas miradas. Un mundo en el que la fascinante figura de la mujer –en cuyo trazo Ramón de la Vega muestra toda su maestría– sirve como vía de entrada a esa magia y ese misterio que, cual corrientes de aire, la vida cotidiana contiene.
(Diario de un presentimiento, pág. 91).
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