Canciones con buena letra (2)

Fechorías

Por Pedro Mariné

 

 

 

CUÁLES TEMAS

Una vez explicado el propósito, la motivación que me condujo a plantear el proyecto, vamos a dar un repaso a esto de hacer un disco.

Lo primero, una vez establecido el propósito general, el ámbito en que nos movemos, la idea que unifica el disco…, es decidir qué canciones son las que van a entrar. Es un proceso cambiante, unos días te inclinas por unas, otros ves imposible hacer otras… Me decidí por 15 temas pero al final, después de grabadas, se han quedado en 13. Con harto dolor de mi corazón he tenido que dejar dos para otra ocasión, pues en esta no han llegado a buen término. ¿Cómo es eso? Pues porque hay un proceso muy largo y así como hay temas que crecen y florecen, otros se extravían en alguna curva del camino y no logran alcanzar el punto final de encuentro. En principio, añadir al título “FECHORÍAS” lo de Vol. 1 era solo por amenazar, por hacer la gracieta, pero ahora se ha convertido en una posibilidad de horizonte para ese par de canciones.

 

AL ESTUDIO

Con el repertorio decidido e incluso planteado en su orden de aparición (uno se come mucho la cabeza con eso del orden de los temas) lo siguiente es GRABAR. Y eso plantea quién (qué instrumentación, qué músicos, qué estudio). En este caso la base era siempre un piano, pero a veces tenía que ser acústico (de cola) y no hay tantos estudios que cuenten con uno. También parte del repertorio era decididamente cubano, y allá que fuimos en cuanto se presentó la oportunidad. La aventura cubana da para una novela, no voy a extenderme hoy en ello, solo decir que sería una novela del género épico.

La cuestión de los músico tampoco es baladí, sobre todo teniendo en cuenta que el grueso del presupuesto se lo llevan las horas del estudio de grabación. O sea, que no hay dinero para pagar músicos… El método consiste en repartir la petición de colaboración: varios bajistas, varios percusionistas, etc etc., a los que se les pide un pequeño favor gratis o a cambio de un pequeño pago cuasi simbólico.

Con todo lo que se ha conseguido grabar (en Cuba, en un estudio de Rivas de cuyo nombre no me voy a acordar, en otro de Carabanchel de amigos canarios, Lalavalab, se llama; y en casa de mi amigo Sergio Barcia), con todo ese material, digo, hay que hacer una limpieza; segunda fase: la edición. Es decir, qué se queda y qué no. El triaje. Después de la siega, la trilla.

A continuación, tercera fase: la mezcla. Cómo se conjuntan auditivamente esos distintos elementos que hemos decidido que se quedan. Algo así como cuánto de cada, en qué proporción, con qué perspectiva (más o menos voz, coros, bajo…).

Por si esto fuera poco, una última operación que además decide la calidad final de todo el asunto: la masterización. Si en la mezcla se juega con las diversas pistas de audio -el bajo, el bombo, la caja, los coros, el trombón, las congas…- en la masterización se opera sobre la mezcla en conjunto, y se le da volumen y cierta ecualización. La cuestión es que suene bien en un equipo, en un móvil, en la radio…

Para que os hagáis una idea, lo usual en las producciones de una casa de discos con presupuesto es grabar en un estudio, mezclar en otro y masterizar en otro. Es decir, hay una especialización total. Lo que significa que vale una pasta gansa. Los discos que han sonado bien del pop español (y ha costado años, eso de sonar bien), están masterizados en Londres o Nueva York aunque estén grabados aquí.

Ese es un lujo que por supuesto no me he podido permitir. Con todo y con eso, el disco se ha masterizado por entero dos veces. Lo que ha quedado me gusta. Como toda producción, una vez concluida se tiene la sensación de que ahora se haría mucho mejor, pero os aseguro que esta vez lo que predomina es un sentimiento de alivio. Por fin se ha acabado, aquí está el disco.

Esto en lo que concierne al audio, pero está toda la parte gráfica: cómo se presenta este audio, cómo se envuelve como objeto.

Esta es, por supuesto, una persistencia nostálgica, parecida y paralela el envoltorio libro respecto al texto electrónico. Maldita la falta que hace fabricar un disco, hoy en día con conseguir producir el archivo de audio es suficiente para meterlo en las plataformas digitales… Pero a mí personalmente, como en el caso del libro, me gusta el objeto en sí, no solo lo que contiene sino el continente.

Como además se trata de poesías, me parece que es especialmente oportuno tener acceso al original textual del que se ha partido y poder comparar así con la propuesta musical una vez hecha canción.

Queda, pues, la fabricación, la quinta fase. Es decir, que una vez que hemos conseguido generar ese audio definitivo y ese envoltorio gráfico, hay que cruzar los dedos y esperar (y vigilar) que el proceso de fabricación no desvirtúe el contenido. Todos sabemos que una foto no da igual en la pantalla que en la impresora. Pues exactamente eso.

Ah, y en medio de todas estas planificaciones, está la de la Presentación: primero, ¿CUÁNDO? Es decir, cuando esté el disco; pero… ¿cuándo estará? O mejor dicho: ¿estará a tiempo? Es una ruleta, casi una lotería, en todo caso una apuesta.

Luego, dónde, en qué local… Y qué tipo de Presentación: ¿toda musical o medio medio? ¿Qué canciones? ¿Con qué músicos? Esto parece el comienzo de todo el proceso del disco… La historia interminable.

PARADOJA

Decía Chaplin que sus películas eran buenas porque él se hacía cargo de todo, tenía el control de todos los elementos que intervienen en el proceso de realizar una película. En mi caso, disiento: es una cruz estar en la procesión y repicando. Es muy arduo compaginar la parte artística creativa con la parte técnica y sobre todo con la parte de gestión-producción.

Además, en estos procesos de grabación se produce una gran paradoja: primero tienes que estar en un buen estado de forma como músico, sea en el piano o con la voz. Ahí entrenas y te preparas para grabar, pongamos unos seis meses. Pero una vez grabado el material, llegan otros seis meses de horas de grabación, edición, mezclas, masterización, diseño de la carpeta y el libreto, proceso de fabricación… En el momento de la presentación en directo resulta que llevas seis meses sin ejercitar un músculo pianístico… Vuelta a empezar, pequeño Sísifo. Y si además, como es el caso, ha habido una campaña de micro mecenas, agárrate y no te menees.

 

MICROMECENAS Y CUENTAS

La campaña de micromecenas es un buen fregado. Yo decidí no entrar en ninguna plataforma de las que se dedican a esto porque no quería estar supeditado a sus esquemas y además prefería no tener que ceder un tanto por ciento de lo recaudado. Así que tuve que inventarme un procedimiento para poder realizar una auto campaña de micromecenazgo. Puro Desakato.

Gracias a todos los que habéis confiado en el proyecto o simplemente habéis querido apoyarlo.

Supongo que os podéis hacer una idea de lo absorbente que es poner en marcha una campaña de este tipo, hacer el vídeo de presentación (realizado por Isabel Dombriz: mil gracias, Isabel), y dar los pasos para el armazón del movimiento del dinero (gracias a Pablo Rodríguez, amigo y administrador de La Discreta).

 

REPERTORIO

De los trece temas que aparecen en el disco, solo decir que hay una presencia notable de autores de la Discreta Academia: dos temas son sobre poemas de Santiago López Navia, otro del Conde de Abascal, más uno de José Ramón Fernández de Cano, otro de David Torrejón, y uno más de Ferrán de Calatrava (este constituye una excepción de la autoría de la música, pues está compuesta por Fernando Arias), más dos temas cuya letra es de este su seguro servidor. Otros poemas están tb relacionados con La Discreta, pues han sido editados por ella: Pedro Mir, dominicano, el primer libro que publicó Ediciones de la Discreta allá en el cambio de siglo. Mahmud Sobh, el poeta hispano palestino en cuya publicación tuve el cargo de editor; y mi -nuestra- querida Julia de Burgos, devoción de la editorial durante el último decenio (su obra poética completa en dos tomos, más dos discos, un de ellos doble). Completan el repertorio un poema de la cubana Carilda Oliver y una pista extra, una balada de Wyoming y Reverendo, “el emblemático dúo de nuestra movida adolescencia”, como reza la presentación que aparece en el disco. Respecto a este tema, quiero compartir con vosotros algo del comentario que me escribió el Gran Wyoming cuando le envié el audio para solicitar su nihil obstat y obtuve su placet:

Muy buena versión aunque nunca será tan buena como la mía, como podrás comprender. 

 (Ahí les tengo que decir, con el corazón en la mano, lo que aún no le he respondido al Wyoming pero que se lo revelo ahora mismo a Vds.: la razón principal para hacer esta magnífica canción era porque la pobre siempre había estado cantado por el Wyoming, y ya era hora de que alguien lo versionara con solvencia y verdadero gracejo…).

Por último, refiriéndose a una pequeña gamberrada homenaje al Reve con que concluyo el tema, dice el Wyoming:  

 gracias por recordar el cariño q nos otorgamos los aristócratas entre nosotros.

Ahí queda eso. Por estos lujos y por el placer de estar hoy con vosotros en esta ocasión compensa hacer un disco…

1 Comment

  1. Emilio dice:

    Magnífico texto, tanto por la narración, tan amena, del proyecto, en todos sus detalles, como por las reflexiones sobre la relación de la música con la letra. Enhorabuena, Pedro.

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