Notas de lectura de Aventuras en Bolivia, de C. H. Prodgers (7)

 

Por Luis Junco

 

El gran río Challana

 

A pesar de las advertencias, Prodgers decide continuar su marcha hasta el gran río Challana. El camino se hace cada vez más difícil y la frondosa vegetación les obliga a abrirse paso a machetazos. Pero la dificultad no le impide tomar nota en su diario de la presencia de orquídeas de colores escarlata y centro amarillo, de una variedad muy rara. Desde el amanecer, monos de color café que no paran de charlar entre ellos les siguen el paso; por la tarde desaparecen. Llegado un momento, la mula se para, no hay manera de que siga adelante. Entonces descubren la razón. El animal ha olido la tierra removida de una trampa para tigres que está justo unos metros adelante. El instinto del animal les ha salvado de caer en ella. La han construido los indios:

 

Cavan un hoyo de paredes verticales, de alrededor de unos cuatro metros de profundidad, un metro y medio de ancho por tres de largo, y lo cubren con ramas y palos. El animal que cae en la trampa es fácilmente cazado. Algunas veces hay tres o cuatro estacas en el fondo.

 

Llegan al lugar que marca el comienzo del territorio de Challana. El río Challana está a unos 24 km más adelante. Si lo cruzan sin permiso de los indios están expuestos a la muerte.

 

Como los monos color café que les han seguido sin perder detalle todo el camino, los indios, aunque invisibles, están al tanto de su presencia. Justo en el momento de más duda, un recolector de caucho les avisa de que los indios les permitirán cruzar el gran río pero deberán esperar su permiso.

 

Acampan en las riberas del gran río y Prodgers dispara su rifle para avisar de su presencia. Al poco aparecen tres indios sobre una balsa. Uno de ellos habla español y le entrega a Prodgers una carta de Villarde:

 

Me alegra darle la bienvenida a mi país. He ordenado a mi lugarteniente, Tomás Cortez, que prepare una casa para usted en su propiedad, en donde será lo mejor que pase usted los próximos diez días y descanse después de su largo viaje. Mientras tanto, convocaré una reunión con los principales jefes indios, que le recibirán en la Casa Tribunal de Paroma en 14 días, contando desde el momento en que reciba esta carta. Debe venir solo, y no traer a nadie en  compañía. Cortez ya tiene las órdenes para proveerle de un sirviente. Con mis saludos, quedo, su seguro servidor, Lorenzo Villarde.

 

Miguel, el ayudante de Prodgers, debe pues regresar a Tipuani. El galés debe seguir el viaje en solitario. Se despiden y esa noche la pasa Prodgers atento al temor de la mula, que seguramente ha detectado la presencia de un jaguar.

 

Al día siguiente, toma su baño habitual en una charca, pero con la prevención de mirar el fondo, por temor a las pirañas. De unos 40 cm de largo, con dientes de sierra, son capaces de arrancar trozos de carne de un solo mordisco. Son capaces de dejar un cadáver limpio de carne en unos pocos minutos. Otro de los peligros son las sanguijuelas, de hasta 10 cm de largo, que son capaces de introducirse por el ano.

 

Llegan los indios de nuevo y en una balsa cruza con ellos el gran río, que en aquel lugar tiene una profundidad de 5 metros. Le llevan al poblado de Anhuaqui, en el que vive Tomás Cortez. Sus órdenes provienen de Villarde, quien, a su vez, no hace nada sin el consentimiento del Viejo Cacique de Challana, que vive en las colinas de Paroma, a unos cien kilómetros de Anhuaqui. Cortez es mestizo y habla español. Vivía en Sorata y ahora lo hace en Anhuaqui, casado con una india. Le atiende con mucha atención, pero no le dejará partir hasta que se hayan cumplido los diez días prescritos.

 

Mientras aguarda la orden de partir a Paroma, Prodgers sigue disfrutando y describiendo el paisaje:

 

Hay muchos pájaros en estas partes, la mayoría guacamayos de maravillosos colores, loros, pájaros serpiente, tucanes, pavos salvajes, paujiles, martinetes… La orquídea catleya superba crece en matas sobre los troncos y ramas de los árboles, donde el terreno es algo rocoso, y parásitos y otras orquídeas crecen por todas partes. Abundan las mariposas de brillantes colores, pero también la repugnante mosca berni que deposita sus huevos y larvas en animales y personas. Si no se trata al momento, esta mosca puede llegar hasta el hueso; mi mula fue picada por una de estas moscas y afortunadamente me di cuenta a tiempo. Una noche le pregunté a Cortez qué animales salvajes había por la zona, y me dijo que había ganado salvaje, osos, muchas clases de monos, pumas, panteras, gatos tigre, jaguares y tigres. Los dos últimos son muy abundantes y muy peligrosos, muchas trampas se preparan contra ellos por todas partes. Además de estos, hay tapires, antas, cerdos salvajes y muchos tipos de ciervos.

 

En el río llamado la Mula Muerta ve por primera vez plantaciones de coca y nos comenta la costumbre indígena de masticar la hoja.

 

La hoja es pequeña y verde y contiene un cinco por ciento de cocaína; el hábito de masticarla ha crecido entre los indígenas hasta el punto de que no pueden hacer nada sin masticar coca. Alegan que son capaces de viajar a través del bosque o en los altos caminos durante todo el día sin parar, incluso durante semanas, siempre y cuando no les falta su provisión de coca, que es lo que les da fortaleza.

 

Pasan los diez días y por fin puede dejar Anhuaqui. Tres días más tarde llega al famoso poblado de Paroma.

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