Soneto de Tediato

Por Santiago López Navia

Pásmase Tediato de la rara propensión de quienes, en estos tiempos tan confusos, se empeñan en cambiar los cuentos infantiles de toda la vida de Dios 

Vaya Caperucito tras la loba.
Despose a Ceniciento una princesa
y ved que sea otra la que besa
a aquel bello durmiente en la su alcoba.
Que un brujo seductor lleve en su escoba
volando de paseo a una duquesa
y que los ojos garzos de una ogresa
muevan a un elfo bizco a darle coba. 
Mejor que una patita sea la fea
y una feroz cerdita enajenada
les tire a las tres lobas su casita,
y en la resaca de una melopea
cualquier hada madrina despistada
convierta en sirenito a Pulgarcita[1].


([1]El vulgo, que todo lo enreda y confunde, dice que el auténtico verso final de este soneto es “se meta por el culo la varita”, pero tal exabrupto es de todo punto impensable en la acreditada prudencia, la ejemplar mesura y la reputada contención de Tediato.)

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