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Por Luis Junco

Capítulo 2 – la scaglia rossa

Pero también podemos considerar que la historia comenzó en los años 70 del pasado siglo, en un pequeño pueblo medieval de la Umbria italiana, Gubbio, en las estribaciones de los Apeninos. 

El pueblo de Gubbio

El geólogo Walter Álvarez -hijo de nuestro protagonista del primer capítulo- y su equipo llevan tiempo estudiando el origen de la formación montañosa y evidencias del movimiento de las placas tectónicas en los llamados scaglia rossa, estratos de piedra caliza de ese color procedentes del fondo del mar y que se exhibían con claridad a unos km a las afuera de Gubbio. Los vestigios minerales en los estratos se orientan según el campo magnético terrestre, y sus ligeras variaciones de orientación en los estratos indicarían la rotación y movimiento de las placas tectónicas. Pero ellos hicieron un primer y sorprendente descubrimiento. En estratos muy próximos, que suponía por tanto un corto espacio de tiempo transcurrido, esas orientaciones de los restos minerales no es que variaran un poco, ¡sino que cambiaban radicalmente! Pasaron de señalar la habitual dirección Norte-Sur de los polos magnéticos de la Tierra, a exactamente la contraria. ¡Como si de repente nuestro planeta hubiera cambiado de polaridad y el Polo Norte se hubiera transformado en el Polo Sur y viceversa! (Hoy día esos cambios de polaridad terrestre están probados, suelen durar unos siglos hasta volver la posición habitual y aún no se conoce con claridad por qué se producen, aunque algunas opiniones apuntan a impactos catastróficos sobre el planeta.) Y junto a ese descubrimiento, Walter Álvarez y su equipo hicieron otro no menos sorprendente. En su libro T. Rex and the Crater of Doom (1997), lo expresa con estas palabras:

En Gubbio, y en cada nuevo afloramiento que encontrábamos, había una capa de arcilla de un centímetro de espesor, sin fósiles alguno, entre la cama de los últimos sedimentos con foramíneas del Cratáceo y la primera capa que contenía las primeras del Terciario. ¿Tenía que ver esa delgada capa de arcilla con una extinción masiva?

La datación de aquella pequeña capa de arcilla llevaba a 65 millones de años atrás, algo que no pasó desapercibido a uno de los paleontólogos más reconocidos del momento, Al Fischer. En una conferencia en Lamont durante la que coincidió con Walter Álvarez, le comentó que aquella capa de arcilla que había descubierto en Gubbio podría coincidir con la época en que los dinosaurios habían desaparecido sobre la faz de la Tierra. Fue entonces cuando este último habló de la muestra de la scaglia rossa a su padre, el físico Luis W. Álvarez, y empezaron a atar cabos. 

En los inicios de aquella década (1971), otro paleontólogo, Dale Russell, había aventurado la hipótesis de que la extinción de los dinosaurios había sido la consecuencia del cambio climático terrestre ocasionado por la explosión de una supernova cercana. Y Luis W. Álvarez pensó que ese debiera ser el principal sospechoso.

(La supernova es la explosión que se produce cuando una estrella masiva acaba su combustible y muere. Es tan violenta, que destruye todo lo que hay a su alrededor en un radio de años luz. Destrucción y vida están en este caso unidas, pues entre los materiales que esparce la explosión están los elementos pesados -hierro, potasio, calcio- que forman parte esencial de nuestro organismo.)

Explosión supernova

Experto en la física atómica y buen conocedor de los efectos de explosiones nucleares, Luis G. Álvarez conjeturó entonces que en el caso de que hace 65 millones de años se hubiera producido una supernova cercana que afectara a la Tierra, restos de plutonio 244 -otro elemento que no se encuentra de manera natural en nuestro planeta pero sí en las explosiones supernova- aparecerían en la capa de arcilla descubierta por su hijo. Además, la vida media de ese isótopo del plutonio era de 80 millones de años, por lo que restos de plutonio seguirían estando presentes en la muestra de la scaglia rossa de hacía 65 millones de años. 

(Los elementos radiactivos, como el plutonio, son inestables, y desde que se originan se van transformando en otros elementos químicos más ligeros; la vida media es el tiempo que tarda una cantidad de ese elemento químico en convertirse en la mitad.)

Para tratar de detectar esas trazas de plutonio, los Álvarez enviaron la muestra a dos profesionales de renombre y de su confianza, Frank Assaro y Helen Michel, del Laboratorio Lawrence de Berkeley. Fueron días de enorme tensión y trabajo, porque detectar cantidades muy pequeñas en una muestra no resulta nada sencillo y requiere mucha atención y cuidado. 

(En esencia, el análisis consiste en bombardear con neutrones la muestra. Al chocar con un neutrón, los átomos de los elementos inestables, como el plutonio, decaen -se convierten en un elemento más ligero- y emiten un fotón de luz. Esta es la señal de su presencia. Es como sobrevolar una inmensa multitud y contabilizar los destellos de luz que de aquí y allá y de vez en cuando emergen.)

¡Y Frank Assaro y Helen Michel hallaron plutonio en cantidades apreciables! En cuanto conocieron los resultados, llamaron por teléfono a Luis G. Álvarez, que saltó de júbilo ante la noticia. ¡Sí, hacía 65 millones de años, la explosión de una supernova cercana a la Tierra había provocado un cataclismo, y entre otros efectos, había provocado la extinción de una especie que había sido la dominante en el planeta durante 150 millones de años!

Los Álvarez prepararon un escrito sobre el descubrimiento con la intención publicarlo en las principales revistas científicas y acordaron con el presidente de la Sociedad Nacional de las Ciencias una participación a propósito en la próxima reunión anual. 

Pero entonces ocurrió lo que suele pasar en las típicas novelas policiacas. Una pista falsa había conducido a una conclusión errónea. El falso culpable quedaba exonerado. 

En el próximo capítulo explicaremos qué sucedió y cómo continuó la historia.

(Enlace a capítulo 1: https://www.ladiscreta.com/2022/07/03/la-muerte-de-los-dinosaurios-anos-del-cometa-y-los-ejercitos-de-las-sombras-1/)

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