Avi Loeb, el extraterrestre (1)
15 noviembre, 2022
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Avi Loeb, el extraterrestre (y 2)

Por Luis Junco

Señalábamos al final de la entrada anterior que Avi Loeb alcanzó notoriedad por su interpretación de lo que fuera un extraño objeto interestelar que se detectó en octubre de 2017 y que se bautizó con el nombre de Oumuamua. Hagamos un pequeño resumen de sus extrañas características y las explicaciones que se dieron por parte de la comunidad científica. 

Pequeño, una forma muy extraña, brillante y que se desviaba de la lógica órbita que produciría la gravedad solar sin mostrar la típica cola de un cometa (originada por la salida del gas a causa de la transformación del hielo en vapor con la fricción y el calor solar), a pesar de la búsqueda intensa del Telescopio Spitzer y otros detectores. Estos eran datos ciertos, y que nos permitían decir con confianza que esas anomalías de Oumuamua -su inusual órbita sin cola, su forma tan extraña y su luminosidad- era algo estadísticamente diferente, por mucho, a otros objetos catalogados por los humanos.

Recreación de Oumuamua

Especialmente llamó la atención la suave aceleración con la que el objeto se alejó de nuevo de la atracción gravitatoria del Sol. A eso se añadía otra anomalía: antes de acercarse al Sol, Oumuamua estaba en un estado de reposo local. ¿Qué significa eso? Loeb lo explica con un ejemplo en su libro: imaginemos una autovía de muchos carriles y con fluido tráfico en todos ellos; si pudiéramos verlo desde arriba, los automóviles se moverían unos con respecto a otros; pero pronto distinguiríamos unos pocos coches que están parados; cinco entre quinientos automóviles. Pues bien, eso es lo que ocurre si miramos al cielo: cinco de cada quinientas estrellas parecen en reposo en relación a todas las demás. Oumuamua estaba en esa rara situación antes de acelerarse en dirección al Sol.

Ante todas estas rarezas, la inmensa mayoría de la comunidad científica se esforzó por dar una explicación “natural”. Y todavía, cinco años más tarde de aquel momento, se sigue esforzando: un extraño cometa, un asteroide igualmente fuera de lo normal -ninguna explicaría las anomalías señaladas-, un iceberg de hidrógeno, un iceberg de nitrógeno puro desprendido de la proximidades de Plutón… Loeb y su equipo hicieron un cálculo de probabilidades de que estas últimas opciones fueran la explicación y llegaron a la conclusión de que observar un objeto natural de esas características en nuestro sistema solar era de uno entre mil millones. Como decíamos al inicio, entonces aventuró una hipótesis que para él era más lógica. Y lo argumentó de esta manera en la revista Scientific América:

Hoy sabemos que al menos un cuarto de las estrellas conocidas tienen planetas habitables, como la Tierra. Si en el tiempo de vida de la estrella, tan solo en una pequeña fracción de esos planetas ha evolucionado una civilización tecnológica como la nuestra, entonces debiera haber en nuestra galaxia un montón de reliquias u objetos relacionados con esas tecnologías fuera de uso. Una de esas reliquias podría ser Oumuamua. 

En el libro que comentamos en esta entrada, Loeb añade que cerrarse en banda y buscar tan solo una explicación “natural aunque muy improbable” descartando la posibilidad de tecnología extraterrestre en nuestra galaxia, es cerrar los caminos hacia su búsqueda. Y de la misma manera que sabemos de especies extintas en nuestro planeta por las excavaciones y estudios de los paleontólogos, él propone una arqueología extraterrestre, que abra el camino a la búsqueda de restos de otros civilizaciones. A tal respecto, añade, el principio que debiera guiarnos es el de la humildad. Ya aprendimos a partir de Copérnico que no somos el centro del universo. ¿Por qué pensar que somos la única vida inteligente? Si, como muchos pensamos, ha habido un buen montón de civilizaciones tecnológicas en nuestra galaxia parecidas a la nuestra, el mejor modo de encontrarlas es pensar que han pensado y actuado como nosotros. 

A tal respecto, y volviendo a una explicación diferente a la “natural y muy improbable” de Oumuamua, Loeb se decanta abiertamente por que sea un artilugio de una civilización tecnológica extraterrestre, y en esa línea y con el principio citado al final de párrafo anterior, señala dos posibilidades: (a) que sea una nave interestelar enviada de manera intencionada en la dirección de nuestro sistema planetario; (b) que sea basura tecnológica de esa supuesta civilización. 

Trayectoria de Oumuamua

Ambas opciones serían reflejo de lo que los humanos estamos haciendo. Hasta la fecha hemos enviado cinco naves interestelares: las dos Voyager, las Pioneers 10 y 11, y la New Horizons. Pero si el programa Breakthrough Starshot sigue en marcha, como ya hemos comentado, cientos de miles o incluso millones de pequeñas naves de nuestra civilización inundarán las proximidades del sistema estelar Centauri. 

Por otra parte, la basura tecnológica ya es parte de nuestra civilización. Y en el breve tiempo que ha durado nuestra exploración espacial, la basura tecnológica en la órbita de nuestro planeta se ha convertido en un problema preocupante. Mirando nuestra civilización y lo que hacemos, ¿qué extraño sería considerar a Omuamua como una de las dos alternativas arriba descritas? 

En Extraterrestrial, Avi Loeb no solo analiza con mucho más detalle estas diferentes opciones de su hipótesis sobre Oumuamua, sino nos da informaciones interesantísimas sobre proyectos ya en marcha de búsqueda de vida extraterrestre interestelar y en nuestro propio sistema solar. Y, lo que a mí me resultó más instructivo: nos lleva a hacernos una enorme cantidad de preguntas sobre nosotros mismos y el estado actual de nuestra civilización y sobre lo que supondría para nosotros tener la evidencia de que no estamos solos en el universo. Debido a la necesaria limitación de una entrada de blog, para finalizar, voy a limitarme a una de ellas.

Imaginemos, como se sugiere en el libro, que un día se confirmara que Omuamua es una chatarra espacial de una civilización tecnológica ya extinguida. Y entonces Loeb recuerda la ya conocida paradoja de Enrico Fermi. (Fermi fue un físico de origen italiano que es conocido como el “arquitecto de la bomba atómica”, por su decisiva colaboración en el proyecto Manhattan. Durante una comida entre colegas que salió a relucir el tema de la vida extraterrestre, Fermi dijo: Si la probabilidad de vida inteligente en un universo tan vasto es tan grande, ¿dónde está todo el mundo? ¿dónde está la evidencia?)

Loeb viene a responder que tal vez Oumuamua podría ser parte de esa evidencia, y aprovecha para hacerse eco de una reflexión de mayor alcance que ya en 1998 hiciera el economista Robin Hanson:

En el mismo momento en el que una civilización alcanza nuestro estadio de avance tecnológico -momento en que puede enviar señal de su existencia al resto del universo y comienza a enviar mensajeros a las estrellas- es también el momento en que la madurez tecnológica se hace suficiente para la destrucción de esa propia civilización, bien a través de un cambio climático, o guerras nucleares, biológicas o químicas. 

Y remata sarcásticamente Loeb señalando que no sería poca ironía que el propio Fermi -con su participación hace unas décadas en la construcción de la bomba atómica- fuera la solución de su propia paradoja. 

Edición española del ibro de Avi Loeb, Planeta

Si, como se sugiere en este libro, Oumua fuera un objeto artificial de una de las múltiples civilizaciones extraterrestres que pueblan nuestra galaxia, se abrirían varias posibilidades, cada una con una enseñanza diferente: (a) Que un día descubramos que, en efecto, se trata de una boya de señalización a la deriva de una civilización que se extinguió al alcanzar su madurez tecnológica, como señalaba Robin Hanson; (b) Que resulte ser una nave exploradora de tipo vela solar de otra civilización enviada intencionadamente a nuestro sistema para obtener datos; (c) Que un día sepamos que esa nave lleva en su interior semillas de vida con la que esa supuesta civilización extraterrestre, conscientes de su madurez tecnológica y peligro de autodestrucción, quiere perpetuarse en otra estrella. 

En cierta manera, cada uno de estos tres supuestos refleja alternativas que los humanos ya consideramos. 

(Con respecto a la última, véanse los avances sobre la fabricación de células artificiales en el John Craig Venter Institute, San Diego, California:  https://www.jcvi.org/research/synthetic-biology )

(Y algunas recientes noticias sobre vida en otros planetas de nuestro sistema solar: 

Aquí:

https://www.infolibre.es/internacional/meteoritos-pudieron-traer-agua-vida-tierra-marte_1_1366186.html

Y aquí:

https://www.bbc.com/mundo/noticias-54147330 )

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