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Con mi edad, y en mi estado lamentablemente sereno, ya ni a las bodas de los nietos acudo. La familia insiste, mas yo me encierro en el castillo de mi soledad, construido a base de recuerdos imposibles.
Nada del mundo actual me atrae. Me siento en esos banquetes como un juguete desencajado que no entiende ya ni siquiera el lenguaje que manejan. Me aburro... Mejor dicho, me aburría.
Solo salgo de casa para acudir a los entierros.
Me recuerdo a mi padre, que solo pisaba la calle para visitar a amigos o familiares enfermos en hospitales. Había días que se hacía hasta tres hospitales. Otras veces visitaba a cinco en el mismo centro hospitalario. É
l decía que no había nada de nostalgia, afecto o fidelidad. Lo creía una costumbre que lo entretenía y le obligaba a salir de casa cada semana.
Pues lo mismo me pasa a mí con los sepelios de alguno de los protagonistas de mi pasado y hasta de mi presente. La ventaja sobre mi padre es que tengo que salir de casa menos días. Como mucho, una vez cada quincena. Me llevan, me dejan en la iglesia y a continuación vamos al cementerio. Me cuidan, me miman, incluso alguna vez tomamos un refresco y me traen de vuelta a casa. La familia como la mía es una lotería.
En el último funeral, de un amigo de juventud, compañero incluso de mili, hice el mismo ritual: iglesia, cementerio y bar. Estábamos allí unos cuantos de la vieja guardia, afligidos pero contentos de habernos reencontrado. En la cafetería ya, con los abrazos, brindábamos, reíamos y hasta entonamos algún cante de la época.
En el fragor del encuentro, y dado que nos hacíamos notar, una señora se acercó. Vestida de negro, alta, delgada y tiesa en sus andares, con unos ojos tan azules que eran capaces de iluminar a cualquiera… y toda la calle si hubiera querido.
Ojos que no se olvidan, ojos que lleva uno en las entrañas el resto de la vida. Ojos que dan sentido al pasado. Ojos de un primer amor.
-Soy Flora, Nicolás, ¿te acuerdas de mí?
¡Que si me acordaba! Mis ojos se humedecieron, me tapaba la cara con las manos, avergonzado y emocionado. Al levantarme se me aflojaron tanto las piernas que casi me derrumbo y la arrollo.
Una vez sosegado y algo menos nervioso, nos dimos dos besos y nos sentamos en una mesa de al lado para ponernos un poco al día. Tenía cinco hijos, todos varones, doce nietos y siete bisnietos. Me pidió perdón por haberme abandonado para casarse con el hijo del notario, amigo íntimo de su padre, pero, bueno… fue feliz. Su marido la cuidó mucho, construyó junto a ella una familia maravillosa y jamás le faltó de nada.
-Me respetó, me quiso, incluso me amó, Nicolás. Pero con el jamás conocí la pasión.
Seguimos hablando de lo humano y lo divino y ¡oh, casualidad!: me contó que la próxima semana tenía la boda de una de sus nietas. “Pues yo también estoy invitado a otra boda. Se casa mi nieto”, solté, “pero yo ya no voy a bodas”. Hilando, hilando, atando cabos, fotos de móvil mediante y unos cuantos nombres, llegamos a la conclusión de que era la misma ceremonia nupcial. 
Esta vez abandonaré el castillo de mi soledad, construido a base de recuerdos imposibles y acudiré a la boda de mi nieto con mis mejores galas...
(Todas las ilustraciones son de Neila Pascual).



36 Comments
Precioso
Muchas gracias. Te agradezco el elogio y la rapidez en dejar el comentario
Reflejo de esa última etapa vital contada con pinceladas de realismo, añoranza y ternura.
Así es, querido Javier. Muy buena apreciación. Una aportación que agradezco enormemente.
Un saludo
Los bares tras las pérdidas son imprescindibles. Y recuperar ilusiones pasadas, un regalo. Bravo.
La amistad es un regalo a compartir con el presente, rememorando al ausente
Un relato lleno de vida…de sombra y luz al mismo tiempo. Me quedo con el reencuentro. La escena es preciosa y humana. Emociona.
Los reencuentros siempre emocionan, aunque decepcionen
Que suerte la de Nicolas
Todos y todas llevamos un Nicolás dentro.
Genial. Conmovedor.
Buenos Maestros tengo. Y tú siempre serás uno de ellos
Mucho me honras. Un fuerte abrazo.
Una microhistoria sensible y que invita a reflexiones sobre la vida
Efectivamente. Una reflexión de nuestro quehacer en todos y cada uno de los Microuniversos por los que pasamos
Qué bonito relato. Una historia que se cruza con otra anterior y tiene un final feliz
Me alegro que te haya gustado, Nana.
Entendemos que está viudo el hombre, porque si no, no estaría aburrido en casa.
Y porque le iban a caer dos collejas en la boda. Muy bonito, bromas al margen.
Entendemos que está viudo el hombre, porque si no, no estaría aburrido en casa.
Y porque le iban a caer dos collejas en la boda. Muy bonito, bromas al margen. Igual que las ilustraciones.
No está viudo. Creo que se separó hace 10 años. Jajaja
Nunca pudo olvidarla, bueno, olvidarlas, para bien o para mal, depende.
Enhorabuena por el cuento los Abuelos necesitan un pellizquito para seguir vivos
Todos necesitamos pequeños pellizcos para seguir en la brecha. Muchas gracias
Muy bonito enhorabuena 👏 😊
Muchas gracias por la valoración
Tienes magia.
Desalentador primero y luego nos abriga la esperanza.
Gracias
Me ruborizo al pensar en esa magia. La experiencia y sobretodo el tesón son los trucos
En cualquier instante puede surgir una sorpresa que nos haga cambiar nuestra manera de vivir, da igual los años vividos por cada cual. Conmovedora en este caso la sorpresa. Enhorabuena, Eduardo.
Muchas gracias Carlos
Sobretodo por compartir esa sabiduría tuya con los que nos acercamos a tus relatos
Muy humano. Refleja cómo nos encerramos con los años, pero el reencuentro demuestra que nunca es tarde para salir. Se nota tu experiencia relatando.
Muchísimas gracias.
Sí. Se trata de un relato muy humano, reflexivo y nostálgico
¡Espléndido, don Eduardo! Nos empeñamos en ver la senectud como final y no como otra etapa que es, con sus principios y evoluciones. Como camino que se cierra y no como propuestas que se abren, y no necesariamente amorosas.
Magnífica reflexión !! Enhorabuena .
Qué mala es la soledad y aún más cuando vives la última etapa de tu vida. Nicolás ha tenido suerte, ha encontrado la oportunidad de seguir disfrutando de la vida.
Una historia muy bonita.
Resignación, nostalgia, amistad, reencuentros, amor, esperanza?, el primer amor…Y más sentimientos reflejados en un relato corto pero intenso que sorprende y emociona.
El ‘ritual: iglesia, cementerio y bar.’ Mítico.
Me ha encantado el relato.
Un relato precioso que emociona y conecta con un sentimiento que aún no tengo por falta de experiencia vital, pero que sin duda todos experimentaremos en algún momento.