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Pompeyo Lauro es un antiguo
inspector de Homicidios, cuyo expediente turbulento se ha reciclado
al servicio de la Ecología Global. Tiene a sus órdenes al oficial
analista Nelson Churruca, británico de origen, a la oficiala
coordinadora María Teresa Torras, y suele trabajar con los agentes
Crito y Sejano, dos jóvenes Vengadores del Ozono de la Guardia de
Asalto. Sus métodos poco ortodoxos y harto expeditivos no cuentan
con la aprobación de sus superiores, más dóciles y comprensivos ante
las necesidades del Sistema. A primera vista es un hombre algo tosco
y primario, que no ve más allá de un partido del Real Madrid o de
una tarde de toros en Las Ventas (sobre la Fiesta Nacional en la
España inminente, véase el apartado “Preguntas más Frecuentes”).
Bebe inmoderadamente, fuma puros habanos pese a las disposiciones
legales contra el tabaquismo, y se expresa con un catálogo de
exabruptos y chabacanadas muy políticamente incorrectas. Es rebelde
y poco disciplinado, se guía por la corazonada antes que por el
razonamiento, y se decanta por la acción antes que la reflexión: en
suma, es un pésimo representante del Orden, aunque hay quien lo
tiene por excelente sabueso policial. Lleva siempre consigo un
monstruoso y primitivo revólver, el Señor Echeverría, que prefiere a
las armas automáticas y digitales más avanzadas. No obstante todo lo
dicho, esta personalidad tan previsible ofrece más de una sorpresa.
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Nelson Churruca es un licenciado en
Cultura Hispánica, británico de origen aunque con lejanos
ascendientes españoles, cuyo cometido consiste en asistir al
inspector en todo momento, y utilizar su material informático para
obtener toda clase de pistas y pruebas de delitos contra el Medio
Ambiente. Este material consiste en un avanzado Samsei D9, un
poderoso ordenador-analizador portátil, capaz de rastrear las
huellas de un crimen químico, de registrar el ADN de un sospechoso,
o de tomografiar un objeto cualquiera para reconstruir su
composición y funcionamiento exacto. En realidad, la labor del
oficial Churruca consiste en transportar el Samsei, mantenerlo a
punto y obedecer las directrices de los programas que lo equipan. En
un principio trabajó en las oficinas de la Interpol de Bruselas,
donde aprendió el funcionamiento del Samsei. En virtud de un
programa de cooperación pidió un traslado a España, país que quería
conocer más allá de sus lecturas y los cursos RV para el aprendizaje
de idiomas. En calidad de agente auxiliar, esto es, interino, fue
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| a dar en manos del inspector Pompeyo
Lauro, que pulverizó muy pronto sus esperanzas de obtener un destino
tranquilo mientras se sacaba la plaza definitiva. Afirma ser un
enamorado y un estudioso en ciernes de la cultura hispánica, y su
objetivo en la vida es convertirse algún día en todo un hispanista
inglés. Sin embargo, lleva consigo una pistola Walther PPK de
imitación, hecha en Taiwán (y escasamente efectiva), igual que la
del primer James Bond, arma en la que, en un principio, proyectaba
sus fantasías de equipararse al famoso agente al Servicio de su
Majestad Británica. Bien poco se figuraba Churruca que sus correrías
con el inspector Pompeyo Lauro no iban a ser menos ajetreadas y
peligrosas que las de su ficticio compatriota. Con todo, algo tiene
de éste, pues suele mostrarse más enamoradizo de lo que conviene a
su escuchimizada constitución. |
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María Teresa Torras, la eficaz
oficiala coordinadora del equipo de Pompeyo Lauro, tuvo un comienzo
dificultoso en la Central de Medio. La apócope de su nombre unido a
su apellido (Maite Torras), y no digamos ya su físico, dio pie a
todo tipo de chanzas y bromas lascivas por parte de los groseros
guardias de Seguridad Medioambiental. Como fue Nelson Churruca quien
así la había presentado, ella le castigó con un despreciativo
silencio durante bastante tiempo. Aunque poco a poco han limado
asperezas, María Teresa, o Maitechu, como la llaman sus amigos,
mantiene las distancias con su compañero inglés. Para congraciarse
con ella, Churruca le arregló el procesador de textos de su
terminal, para facilitarle el trabajo y corregirle el estilo. De las
consecuencias de esta alteración no se sabe nada de cierto, salvo
que posiblemente fueron tan imprevisibles como catastróficas (Léase
El Temible Burlón —una de piratas—). |
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La oficiala Torras mantiene en
secreto su vida privada. Según su expediente, procede de Belmonte,
pueblo de La Mancha conquense, y tiene destino definitivo en la
Central de Sol. En un principio, creía haber alcanzado un gran éxito
profesional con su traslado. Tímida y aislada en un Madrid
monstruosamente desparramado, se dedica a su trabajo con triste,
solitaria eficacia.
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| Crito y Sejano son los nombres clave
de dos robustos y agresivos mozos fascinados por las armas y los
brazaletes de Medioambiental. De no ser guardias de asalto al
servicio del Sistema, cualquiera sabe en qué grupúsculo de ultras
hubieran acabado. La política recicladora del Comité de Salud
Pública no olvida a los muchachos de cromosomas revoltosos, así que
Crito y Sejano disfrutan enormemente con sus carabinas revienta
cabezas, sus cargas explosivas de terflex y sus porras eléctricas.
Siempre, por supuesto, en beneficio de la ecología, la biodiversidad
y el respeto a la naturaleza. |
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El mundo de Pompeyo Lauro |
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El Departamento de Vigilancia
Medioambiental |
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Nuestra Señora del Ciberespacio y
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