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| En ¡Zubán!, Pompeyo Lauro y Nelson Churruca se adentran en el ominoso e interminable Vertedero Uno. Allí se encuentran con el gerente de una compañía recicladora que tiene muchas suciedades que ocultar, su cautivadora secretaria de origen marroquí, y una comunidad de inmigrantes trabajadores, aterrorizados por la violenta desaparición de varios compañeros. El inspector Lauro y su asistente analista tendrán que descubrir el secreto que se esconde en lo más profundo del Vertedero Uno. | ![]() |
| (Extraído de la correspondencia cruzada entre Juan
Varela-Portas y Dativo Donate)
En la pesadilla postmoderna que es Nuestra Señora del Ciberespacio y otras historias inminentes, Dativo Donate ha querido mezclar muchos temas que interesan o angustian al postmoderno cabal (tecnología, fin de la Cultura, misticismos y creencias alternativas, ecología, globalización, crimen, inmigración...), sin olvidar el póker de inexcusables (sexo, vida, muerte, Dios) empleando esquemas narrativos de muy escaso prestigio literario. Tal es la “literatura reciclada”, como la denomina Varela-Portas. Suele entenderse que la literatura de género encorseta y ahorma en exceso la literatura, cuando ello no es verdad en absoluto. La rigidez formal a la que se atienen proporciona, casi paradójicamente, una gran libertad de estilo, tratamiento y temas, a condición de que el género y sus convenciones sean tratados con el máximo respeto (piénsese en el “western”, por ejemplo). Aunque prima el humor en los todos los relatos, tampoco puede afirmarse que el componente paródico sea esencial, dice Dativo Donate, un tanto en desacuerdo con el autor del afilado prólogo, Juan Varela-Portas, al menos en lo que se refiere a los géneros que estructuran las peripecias de Lauro y su factótum digital. La parodia como tal tiende a reírse de un género, y a ridiculizarlo, acaso a destruirlo. En los relatos narrados por Nelson Churruca siempre se advierte la presencia de algún género o subgénero narrativo popular, y no estrictamente literario (el toque suavemente “cyberpunk” de las historias debe más a viejas series de televisión como “Max Headroom” o a películas como “Robocop” que a las novelas de William Gibson o a la ciencia ficción cabal, por ejemplo). Así, puede advertirse la deuda de las “historias inminentes” de Dativo Donate para con las películas de piratas, de aventuras, de monstruos o de misterio, entre muchas otras referencias, esquemas humildes pero tan válidos o más que otros más prestigiados (generalmente también más pretenciosos). Pues bien, estos esquemas narrativos de consumo, y aun de consumo rápido, pueden ser un vehículo tan eficaz como divertido para desmontar la aparente consistencia del mundo que nos circunda. Si la risa destruye, Dativo bien quisiera destruir con ella muchas cosas; pero no los géneros, o subgéneros, o como queramos llamarlos, a los que ama de manera entrañada, como se ama a las personas con quienes se ha crecido, y por más que otros puedan ver pocos o muchos defectos en ellas. Dativo Donate dice haber buscado, en suma, mezclar algunas cosas que conoce (la desazón del humanista desubicado), con otras que le divierten (las narraciones de género) o que le preocupan (el cariz tan feo que va tomando nuestro entorno, por más que nos insistan en que no, que no y que no). Asegura que lo ha pasado muy bien en el intento, al tiempo que el ahondar en algunos temas le ha puesto los pelos de punta y el ánimo en guardia, y espera que a los lectores les ocurra exactamente lo mismo.
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