Por José Ramón Fernández de Cano

Summa Discretio:

Días atrás, mientras transitaba plácidamente por vías comarcales de la Lusitania (no tanto por contemplar la indudable belleza del paisaje interior del país hermano, cuanto por zafarme de sus abusivos peajes), vínome al magín una ágil y graciosa copleja que, de primeras, quise reputar de pasatiempo lúdico, jocoso y aun menor, como bien reflejado queda en el titulillo que todavía conserva. Pero es el caso que, desde entonces, el acucioso ritmo anapesto de sus ocho humildes versos me ha venido martilleando el caletre con machacona recurrencia, hasta hacerme caer en la cuenta de que la ruda corteza de aquella mal cocida broma podría esconder alguna miga densa y substanciosa que mi torpe ingenio no acierta a digerir del todo. Díganmelo Vuesas Mercedes (señaladamente, mis Señores don Santiago López Navia y don José Caneiro, tan prolíficos en sosias y heterónimos), siempre mayores que yo en talento y prez. Vale.

Poeta iluso

Un iluso poeta de culto,
una tarde, en un bar de Lisboa,
confesó ser Fernando Pessoa
porque no quiso ver que, quizás,
era solo un iluso poeta
que una tarde, en un bar de Lisboa,
creyó que era Fernando Pessoa
y era el bueno de Reis nada más.

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