El naturalismo filosófico de Cowper Powys
12 abril, 2026
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«Los tulipanes son demasiado rojos», nuevo poemario de Teresa Gómez

Por Juan Varela-Portas de Orduña

Un nuevo libro de poemas de Teresa Gómez es una gran noticia para la poesía en español. Teresa Gómez, licenciada en Filología Hispánica y Psicopedagogía ―área esta última donde ha desarrollado su trayectoria profesional―, es autora de dos libros de poesía, La espalda de la violinista, de 2018, y Plaza de abastos, de 2022, ambos publicados en la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara y ambos finalistas del Premio Andalucía de la Crítica. Antes de eso, y desde el principio de los años 80, había participado en revistas y antologías y había publicado plaquettes donde iba dando a conocer sus poemas. 

Plaza de Abastos es, en realidad, su primer libro, escrito en los primeros años 80 pero no publicado hasta 40 años más tarde, en un caso verdaderamente único en nuestra poesía. Hasta su publicación, el libro era un auténtico mito entre los seguidores de aquel movimiento poético granadino de finales de los 70 y primeros 80, “la otra sentimentalidad” (germen de lo que luego se llamó “la poesía de la experiencia” la cual, sin embargo, desactivó muchos de los elementos más rupturistas y conscientes de su origen), que lo conocían por publicaciones esporádicas, lecturas en bares y encuentros, y un famoso texto muy breve de Juan Carlos Rodríguez, leído en un acto en Granada y que décadas después se incorporaría como prefacio a la edición. Plaza de Abastos, como su nombre sugiere, entiende la poesía como instrumento “radicalmente histórico” para enfrentarse y quizás modificar el inconsciente ideológico que genera la propia escritura, y por lo tanto la propia cotidianidad material y sentimental, pero en su caso se caracterizó además por incluir elementos de poesía surrealista más decididamente que otros miembros del grupo (y en cercanía quizás con el más reputado de todos ellos, Javier Egea), produciendo una obra que con el tiempo será reconocida en el lugar crucial que tuvo en el devenir de la poesía española del último cuarto del siglo XX.

Como decíamos, en estos días sale a la luz su tercer poemario, Los tulipanes son demasiado rojos, en la editorial Bartleby, con prólogo de Gerardo Rodríguez Salas y contraportada de Juan José Téllez. El libro consta de cuatro partes, en la primera de las cuales, “Equipaje contra el frío”, repasa la construcción de su identidad como mujer, y más concretamente como mujer poeta, aludiendo tanto a sus referencias literarias como personales, «ese montón de espejos rotos», que diría Borges, e incluso espaciales. Se trata de una mirada desde lo individual a lo colectivo en la que la lengua emerge como espacio de construcción del yo, pero también y sobre todo del nosotros y del nosotras, y que abarca desde la infancia al fin de la vida, el deterioro de la vejez y la proximidad de la muerte.

En la segunda parte, “El ruido de lo efímero”, encontramos una determinación de desmarcarse de una idea de progreso basada en el consumo y la insolidaridad, y una decisión inapelable de enfrentarse a una sociedad ansiosa y estresada en la que prima la inmediatez, sin capacidad para aplazar la recompensa y mucho menos renunciar a ella. Los poemas muestran un anhelo de sosiego frente al ruido del bulo y el sensacionalismo con el que una sociedad enferma pretende la confusión.

La tercera parte, “Detonación”, muestra como esa sociedad de sombras conduce en el paroxismo de sus males al genocidio y a la indiferencia frente a la violencia. Son poemas nacidos de la impotencia ante el horror.

El poemario se cierra con una coda introducida por un verso de Sylvia Platz que da sentido a su título, un poema demoledor, que alude a todas esas calamidades que nos asedian en los últimos tiempos: guerra, cambio climático, COVID, e incluso la incertidumbre que nos genera el avance incontrolado de la IA… Aun así, una lectura atenta del poemario revela que la poeta todavía conserva la esperanza en la capacidad del ser humano para rechazar la violencia y desenmascarar y vencer a esas fuerzas que desprecian al ser humano, e invita a no caer en el pesimismo ni ceder al miedo.

Dejamos aquí como “aperitivo” algunos de sus poemas:

La extraña

A Camile Claudel

¿Quién eres tú, enemiga,
que despiertas en mí al llegar la mañana,
me acechas abatida
con gélidos ojos y besas con mi boca?
¿Y por qué me acaricias
tan delicadamente, y te alejas
y vuelves,
riendo con mis propias
carcajadas de hielo para la soledad
que, firme, me embarranca
como a un buque fantasma varado en el desierto?
¿Quién hay tras el espejo
por donde trepa el miedo y la rara esperanza
en la tela de araña,
frágil y luminosa, que tejen mis recuerdos?
¿Quién eres tú, oh diosa,
que dentro de mí creces
y duermes
y me sueñas?

Equilibrista

(POÉTICA)

Porque una palabra es el sabor

que nuestra lengua tiene de lo eterno,

por eso hablo.

ROSARIO CASTELLANOS

Si no te hubiera nombrado
aún estarías oculta, luna,
tras las nubes opacas
que a nadie hubieran permitido
conocer tu luz.
Si jamás hubiera escrito tu nombre, mar,
no serías más que una masa inútil de agua
derramada en el horizonte.
Y tú, soledad, amor, pasión, despecho,
qué serías si yo no hubiera elegido,
con rigor,
una palabra precisa para encontrarte.
Dónde estaríais ahora todas esas emociones
que gustáis de habitar
en las tediosas horas de las noches oscuras.
Anhelada esperanza, qué habría sido de ti.

Ha llegado a su destino

Conduzco guiada por el GPS
cruzando la ciudad que ya no reconozco
y añoro tus manos que despliegan un mapa gigantesco
donde está señalado claramente el destino.
Maldito GPS que no encuentra 
aquel portal oscuro donde abriste mi blusa,
perdido por las calles donde tú ya no vives
incapaz de orientarse a través del pasado. 

El ruido de lo efímero

Todo mi ser enmudece y está a la escucha

HÖLDERLIN

Con más empeño que el avaro de Molière
voy a atesorar la riqueza y la posesión de mi tiempo y mi silencio.
 Porque nadie calculó el vértigo que se apoderaría de nosotros
tras vender el tiempo.
Nadie tasó la penuria que acarrearía
ponernos en el cuello rubíes y diamantes,
para que pudieran reconocernos
como hijos predilectos del consumo intrascendente.
Nadie computó la amargura con que viviríamos, fugitivos,
la vida de otros.
Partiré un tomate con sal y aceite, pues,
buscaré moras en la zarza para el postre,
y si quieres, caminaré a tu lado un instante.
Pero no llevaré Dom Pérignon Rosé
si cada sorbo me ha de costar un solo minuto.
Tiempo es todo lo que llevaré,
tiempo de lluvia, de tormentas, de luz, de primavera,
tiempo para escapar de la pesadumbre,
para cortar las flores del romero,
para oler la hierba, o el café recién molido
y escuchar a las golondrinas
que reclaman tiranas el alimento desde sus nidos,
o a Eva Cassidy rasgando los acordes de Autumn leaves.
A cambio de la tierra mojada que deja la tormenta
renunciaré al nombre de Calvin Klein y de Chanel,
cuyo aroma me ha costado un tiempo tan precioso
de mirar el mar escudriñando el horizonte
a la espera del regalo de una pirueta que los defines me ofrecerían
en su ruta hacia el Norte,
un tiempo indispensable para mirar las nubes disipándose sigilosamente,
ver las hojas danzar sobre el estanque
cuando el viento las arranca de su rama
o, asombrarme ante la irritante laboriosidad infatigable de las hormigas.
Tiempo para mirar a mi alrededor con estupor.
Tiempo para unirme a los justos que han de salvar al mundo.

Detonación

III

Desciendo al abismo del infierno con Dante.
Leo Réquien de Ana Ajmátova
que sufrió penurias, amenazas, persecución y terrible dolor,
que se apostó, durante siete meses, frente a la prisión de Leningrado,
donde Lev, su único hijo, estaba recluido.
Un dolor semejante podría mover montañas,
e invertir el curso de las aguas,
dijo.
Busco sin sosiego a los poetas que han vivido el horror
para emerger de este abismo de silencio
donde la razón, desconcertada, claudica.
Palabras, palabras, palabras, le hizo decir Shakespeare a Hamlet.

The tulips are too red in the first place, they hurt me.

SYLVIA PLATH

Los grillos macho excavan su madriguera
en mi cráneo y afinan su chirrido.
No puedo cortar esas flores que crecen a la orilla del mar.
El océano que tiende su espalda bajo mi ventana ahora es de color naranja
Y el universo es de color naranja
Y la tierra de mis macetas se inflama y es de color naranja.
Lanzan granadas… 
No, misiles.
Cientos de niños están heridos.
No, muertos.
No, asesinados.
Las palabras en la cuerda floja ejecutan acrobacias
capaces de provocarte vértigo,
de provocarte náuseas.
Vociferan en todos los idiomas la noticia
“el aire nos hará enfermar”.
No respiro.
Me aturde la cháchara de los cuervos que cuchichean entre los matorrales.
Construyo mi madriguera llorando a lágrima viva.
Hiberno.
No puedo cortar esas flores que crecen a la orilla del mar.
Creo que son de plástico…
No, de plasma.
Los girasoles tienen un color desajustado
Y los tulipanes son demasiado rojos.

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