Antípodas, de Paloma González Rubio

Por Emilio Gavilanes

Antípodas, la novela de Paloma González Rubio publicada por SM el año pasado en la conocida colección Gran Angular, es una magnífica novela de iniciación a la vida. De descubrimiento de uno mismo. O de una misma, pues quien narra es de una chica. Una chica que busca su lugar en el mundo. Y esta manera de expresarlo, mediante esa fórmula fosilizada de la lengua (buscar un lugar en el mundo) es quizá la más apropiada, pues la metáfora geográfica (la vida como un viaje, como un sucesivo cambio geográfico) recorre todo el libro, incluso lo arma, empezando por el mismo título. Continuamente la narradora está ofreciendo informaciones de índole geográfica que tienen su reflejo, su equivalencia, en los avatares de su vida. En cierto modo es una novela de aventuras, en la que las aventuras no son espectaculares, a la manera de Moby Dick o de La isla del tesoro, pero en la que hay que luchar contra fuerzas morales igual de poderosas.

La novela es una exploración del mundo adolescente, con reflexiones y análisis disueltos en la narración. Una exploración en la lealtad, en la sinceridad, en los afectos (que aparecen en forma de amistad, de amor o de relación padres-hijos, diseccionándolos con delicadeza), sin analizar tanto los sentimientos, que se dan por conocidos, como la ética que hay detrás de ellos. 

En literatura conseguir una voz infantil o adolescente que sea creíble, natural, interesante y con encanto, como la de Nerea, es muy difícil.

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