Notas de lectura de Aventuras en Bolivia, de C. H. Prodgers (4)

Por Luis Junco

 

 

Camino de Tipuani, último tramo antes de Paroma

 

A pesar de los malos augurios que pronosticaban que los indios le impedirían atravesar el río Toro, Prodgers y su expedición llegan sanos y salvos al otro lado y acampan en un rancho cercano, perteneciente a una familia india que recolecta caucho. En los terrenos del rancho cultivan maíz, ñames, patatas dulces, plátanos, papayas, piñas y naranjas. En los alrededores toma nota de la presencia de tucanes de un estridente color escarlata, y unos pájaros negros y amarillos con pico de pelícano. Y una enorme variedad de orquídeas.

 

Da unos consejos, tanto de vestimenta como de hábitos para no padecer “las fiebres”, tan habituales en estos lugares. Por ejemplo, aconseja calcetines de lana de llama, y cambiarse cada día con ropa limpia y seca. A diferencia de lo que hacen los indios, que no toman apenas agua y en su lugar chupan hojas de coca, Prodgers aconseja tomar bastante agua y al acampar un buen trago de whisky, ginebra o ron.

 

Siguen subiendo y bajando colinas y cruzando pequeños ríos. Los días se vuelven lluviosos y en muchas ocasiones tienen que esperar a que se reduzca el caudal de los torrentes para cruzarlos, y así llegan al que denomina Estado del Café. Allí cambian de guías. Manuel y su gente, que hasta ese momento habían sido los guías son sustituidos por otro guía, Antonio, que viene acompañado de varios indios y mulas de carga. Mientras esperaba al nuevo guía, Prodgers hace prospecciones en un río cercano y encuentra bastante oro en el lecho del torrente. No hay duda de que contiene oro, concluye.

 

El nuevo guía, Antonio, pretende llevarle a un paso más rápido pero Prodgers persiste en su ritmo: Tres kilómetros por hora, y de seis a ocho horas de caminata cada día.

 

Más allá de la misión concreta, el objetivo de Prodgers es el camino en sí, del que disfruta continuamente, observando y anotando todas las cosas que encuentra a su paso. Escucha sinsontes, tucanes, loros, monos, recolecta guayabas que las mulas comen con gusto, y se extasía con la presencia de una enorme variedad de mariposas:

 

Al pie de la colina me encontré con enormes mariposas con alas de un color que alternaba el naranja con el azul cielo. Y decidí que en el camino de vuelta cogería algunas. Y al ascender la próxima colina vi más mariposas, algunas de un azul luminoso, otras de un color morado, y me di cuenta de que en este pequeño valle era el único lugar en el que pude ver aquellas de colores de alas medio naranja medio azul cielo.

 

Continúa el caminohasta otra plantación de tabaco. Al llegar, el propietario le entrega una nota que un indio de Challana le ha encomendado dar a Prodgers. Es una nota escrita en español. Una última advertencia:

 

Tome el consejo de un amigo que no le desea daño alguno, ni a usted ni a ningún extranjero. Le ruego que no persista en su intento de entrar en Challana. Los habitantes dicen que usted ha sido enviado por el Gobierno, para espiarles. Si cruza el río seguirá la misma suerte que Philip Barbari y sus compañeros. Está advertido y a tiempo de volver.

 

A pesar de la amenaza, Prodgers decide seguir adelante, hacia la rivera del río Tipuani, el gran río del oro. Acampa en las tierras de un tal Rodríguez, que vivía allí con sus dos esposas y cultiva caña de azúcar y café, plátanos, naranjas, piñas y papayas. Le dice que el río contiene mucho oro y que durante unas cuantas semanas al año él también se dedica a batear oro, obteniendo más de medio kilo en una semana.

 

Desde ahí se van a la villa de Tipuani, último poblado antes de llegar a Paroma.

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