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Por Luis Junco

Imagine usted que pudiera ver desde arriba, a vuelo de pájaro estratosférico, a los casi ocho mil millones de habitantes del planeta. Sin duda pensaría que está viendo toda la población que existe en el mundo. Los vería en reposo, en movimiento, y en ocasiones agrupados en ejércitos que luchan unos contra los otros. Pero ¿qué pensaría usted si alguien le dijera que lo que está viendo solo es una mínima parte de la población que realmente existe, que entre los que usted ve hay otra multitud de casi 150 mil millones enfrascados en sus propias luchas y batallas cotidianas? 

Pues aproximadamente eso mismo es lo que ocurre en el universo que habitamos. Muy pocas personas son conscientes de que lo que vemos y sentimos, la materia de la que estuvieron hechos los dinosaurios y de la que estamos hechos nosotros y lo que vemos a nuestro alrededor solo es el 5 % de lo que existe en el universo. Un 27 % de lo que falta es lo que se denomina energía oscura, que aún no sabemos qué es pero es responsable de que las galaxias se alejen unas de las otras a velocidades crecientes, y nada menos que el 68 % restante lo constituye la misteriosa materia oscura, que tampoco sabemos de qué está formada pero cuya presencia en el origen del universo hizo que se formaran las primeras galaxias y sigue ayudando a que nuestro sistema solar pueda seguir girando alrededor del centro de la Vía Láctea a razón de unos 225 millones de años por vuelta. 

Y si, como decíamos arriba, muy pocas personas son conscientes de lo poco que vemos del universo, aún menos son los que comienzan a saber algo de la materia oscura, que en realidad debería llamarse materia transparente, porque sería invisible para nosotros, la atravesaríamos como si pasáramos a través de seres fantasmales y solo sentiríamos su débil impulso gravitatorio. También comienza a saberse que así como la materia ordinaria de la que estamos formados, además de por la gravedad, es sensible a otro tipo de fuerzas como las electromagnéticas -que entre otras cosas nos hacen visibles-, es muy posible que entre las partículas aún desconocidas de la materia oscura operen otro tipo de fuerzas similares pero aún desconocidas para nosotros. 

No. No es descabellado imaginar que, invisibles a nuestros ojos, haya ejércitos de las sombras que, entre otras cosas, hayan sido los causantes de la extinciones periódicas de la vida en el planeta y en concreto la de los dinosaurios hace más de 65 millones de años. 

Lo explicaremos en la próxima y última entrega de esta serie. 

2 Comments

  1. Juan dice:

    El descubrimiento, o realmente la hipótesis, de la materia y la energía oscura resulta realmente asombroso porque es un elemento que está en el centro de la metafísica medieval del aristotelismo cristiano. Dante cuenta que gastó enormes energías intelectuales en intentar comprender si la materia oscura o informe formaba parte del universo (literalmente: “era da Dio intesa”), y por tanto si podía ser comprendida por el hombre. Al final, incapaz de entenderlo, dejó por un tiempo los estudios filosóficos.
    El concepto de materia oscura, basado en el de materia aristotélico, parte del inicio del Génesis donde se cuenta que antes del comienzo de la creación por medio del Verbo (antes de “Fiat lux”) Dios creó una materia que era pura informidad y pura potencia, es decir, una materia inmaterial, no solo imperceptible sino también inconcebible. Es uno de los conceptos de metafísica medieval más fascinantes, que Agustín y otros padres de la Iglesia tienen que comprender en su lucha con los Maniqueos: esa materia oscura o informe fue realmente creada por Dios y no es el principio del mal, sino la base sobre la que se con-forma el universo creado gracias a la creación “verbal” (“Y Dios fijo, etc.”) que lo constituye como cosmos, como orden bello y con sentido.
    Y todo eso sin telescopios bestiales ni algoritmos sofisticados.

  2. Luis dice:

    ¡Qué interesante, Juan! Gracias por la información.

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