La ilusión del espacio y la literatura

Por Luis Junco

¿Es el espacio una ilusión?

Según algunas teorías, así es. El espacio es una idea emergente que tiene como fundamento nuestra relación con todo lo que nos rodea. Después de una evolución de millones de años habituados a relacionarnos en tres dimensiones, emerge la idea de un espacio tridimensional que consideramos como una realidad física. Pero lo importante, lo que cuenta, son las relaciones con todo lo demás. 

Para explicarlo brevemente, consideremos nuestra respuesta a la pregunta de con cuántos vecinos como máximo tenemos proximidad a partir de nuestra situación en una vivienda. Pues, dos en los pisos a derecha e izquierda, dos en las viviendas de enfrente y atrás, y dos en las que habitan arriba y abajo. En total, seis. El doble de las tres dimensiones a las que estamos habituados, esa parece ser la fórmula. 

Pero esa idea de proximidad, con la que hemos convivido mucho tiempo, ha cambiado radicalmente con nuestra evolución cultural. Especialmente con el desarrollo de las redes y los teléfonos móviles. Si hace unos siglos relacionarse con alguien que estaba a dos mil kilómetros era muy complicado, ahora es casi instantáneo, basta con una llamada de móvil. Si se estima que el número de teléfonos móviles en el mundo es de 5 mil millones, así ha cambiado nuestra “proximidad” y nuestro concepto de distancia. De las tres habituales a los dos mil quinientas millones de dimensiones en solo unos cuantos años. El espacio ha desaparecido, se ha convertido en la ilusión que algunos pregonan. 

¿Y solo se muestra esta ilusión con la tecnología? No, hace ya mucho tiempo que la especie humana descubrió otra manera destruir el espacio: la imaginación. Escribiendo y leyendo, creando y recreando, somos capaces de relacionarnos con cosas, personas, acontecimientos de otros lugares y tiempos. Sí, también la literatura nos dice que el espacio es una ilusión. 

Y para acabar no encuentro mejor ejemplo para mostrarlo que este final de la Consolación a Helvia, de Lucio Anneo Séneca. En ese momento tenía 41 años y el emperador Claudio, instigado por los celos de su esposa Mesalina hacia el filósofo, lo acusó de cometer adulterio con Julia Livila, sobrina del emperador y hermana de Calígula. En condiciones normales esta acusación le hubiera supuesto una condena a muerte, pero Claudio lo sentenció al destierro en la isla de Córcega. Allí permaneció Séneca ocho años, durante cuyo exilio conoció la muerte de su padre, Marco, y desde donde escribe y envía a su madre, Helvia, este emocionante escrito a modo de consolación por la muerte del esposo y la lejanía del hijo.  

Por lo demás, como es inevitable que, por más que hagas, tus pensamientos vuelvan a mí una y otra vez, y que ninguno de tus hijos te venga a la memoria con más frecuencia, no porque te sean menos queridos, sino porque es natural llevar la mano más a menudo allí donde duele, escucha cómo debes imaginarme: contento y alegre como en las mejores circunstancias. Son, en efecto, las mejores, puesto que mi espíritu, exento de todo cuidado, tiene tiempo para sus actividades y tan pronto se recrea en estudios más superficiales como se remonta, ávido de verdad, a indagar su naturaleza y la del universo. Primero examina las tierras y su situación, luego la condición del mar y sus flujos y reflujos alternantes; entonces estudia todo lo que se extiende, plagado de espantos, entre el cielo y la tierra, y este espacio agitado por truenos, rayos, vendavales y aguaceros, nieve y granizo; en ese momento, cuando ya ha recorrido las partes más bajas, se lanza a las más altas y disfruta del hermosísimo espectáculo de las cosas divinas: acordándose de su propia eternidad, alcanza a todo lo que ha sido y ha de ser a través de todas las épocas. 

1 Comment

  1. Carlos dice:

    El espacio de Séneca es el espacio local. el de tres dimensiones que todos conocemos y del cual hablaría A. Einstein cuando habla del fenómeno local. ¨Pero, extraña ironía, solo lo vemos curvo y tridimensional porque no tenemos posibilidad de verlo a mayor distancia como se vería cual Universo; o a mínima distancia como lo vería un electrón, en cuyos casos luciría plano. Y así es. El Universo es tan enorme que todas esas bolas de masas de estrellas gigantescas apenas son puntos. Y puede imaginarse cualquiera qué podríamos significar los humanos o la Tierra: igual de insignificantes.
    Pero, ojo, con mucho el Espacio, ese espacio puede ser lo único que haya realizado el Universo. Su único trabajo. El espacio y la formación de espacio es con mucho la única tarea que nos es permitida. Espacio es todo lo que hacemos. Siempre creando espacio de todas las formas imaginables. Por ejemplo, con este escrito le hacemos espacio a la comprensión, o incomprensión, de algo. Todas las partículas no hacen sino vigilar un espacio tiempo que les ha sido encomendado. El padre de Séneca muere y ocupa un espacio. Séneca mismo abre un “espacio” donde quepa el dolor que le suscita a su madre su ausencia. Y así, ad infinitum.
    Pero el espacio no se percata de si mismo. De ahí el Universo en expansión.
    No puede adjudicársele un sentido único al espacio jamás. El espacio que hoy ocupo es un edificio, y ni siquiera el edificio tiene una adscripción simple como hospital, cárcel, Luna. El espacio nunca tiene una sola lectura, jamás. Ahí cabe todo y nada a la vez.
    La inteligencia, la imaginación, aparentemente, no ocupan espacio, a no ser que se asuman como en la mente de alguien; pero sus efectos, si.
    Y desde ese punto de vista todo se puede contar: hasta la ciencia misma hace su propio espacio.

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