La vieja ciudad, de José García Caneiro con acuarelas de Comas Quesada

La vieja ciudad, de José García Caneiro con acuarelas de Comas Quesada

La vieja ciudad
Aburren los poetas que teorizan, en verso, sobre el arte, tanto como complacen y emocionan los que crean poemas a partir de una pintura, una escultura, una partitura musical u otra obra literaria.

No se me escapa, al respecto, que buena parte de la osadía de Caneiro a la hora de abordar tan arriesgada empresa se ampara y justifica en el asombro y la emoción suscitados por las sutiles, sugerentes, delicadísimas acuarelas de Comas Quesada, en las que las figuras borrosas, apenas esbozadas por un pincel que se adivina, a la par, trémulo y firme, flotan en un espacio tan vago como verdadero (de tan cierto e irreal, casi evocado como onírico, con esa certidumbre con que se reconstruyen los escenarios de un sueño inasible, pero recurrente); y en las que el tiempo parece haberse, no ya —como quiere el tópico— detenido, sino más bien disuelto o difuminado, convertido en una vaga huella de indefinibles texturas translúcidas, que invitan a reproducirlas con un arriesgado juego de balanceos y equilibrios entre el decir y el no decir poético. Es lícito pensar, por ende, que sin la inquietante belleza de este objeto plástico puesta ante sus ojos, el poeta Caneiro no se habría aventurado a entablar este íntimo y perturbador —por lo que tiene de conciso en sus ajustadas palabras y de tácito en sus elocuentes silencios— diálogo del arte con el arte; o, dicho de otro modo, que sólo la indiscutible hermosura de las acuarelas de Comas Quesada podía haber dictado a su lírico exégeta unos versos de tan serena como conmovedora emoción.

Extraído del prólogo de José Ramón Fernández de Cano

José GARCÍA CANEIRO (1945) es de ascendencia gallega, circunstancia que lleva con tanta dignidad que se le nota.
Coronel de Aviación, retirado, durante veinte años (diez de ellos en Las Palmas) estuvo volando aviones de caza y jugando al escondite con las nubes. Doctor en Filosofía, durante otros veinte, estuvo impartiendo clases de postgrado en diversas universidades de Madrid y dejándose engañar por la ideas.
Es autor de Parálisis (Premio de Novela Ciudad de Murcia, 1975), de los ensayos La racionalidad de la guerra (Biblioteca Nueva, 2000) y Guerra y filosofía (Tirant lo Blanch, 2002), el libro de relatos Una familia de cuentistas (La Discreta, 2006), la novela La obra completa de Wilfredo Muriente (La Discreta, 2010) y los poemarios Fragmentos de una voz cansada (Vitruvio, 2014) y Composiciones interpretables (Vitruvio, 2016). Ha participado, también, en diferentes obras colectivas, dedicadas a “Derrida y la deconstrucción” y “La paz y la seguridad en el tiempo actual”.

José COMAS QUESADA (1928-1993), pintor grancanario considerado uno de los máximos exponentes de la pintura a la acuarela del último cuarto del siglo XX, no sólo en Canarias, sino en toda España.
En 1977 presentó una colección de acuarelas donde se plasmaban distintos lugares del casco histórico, anticipándose así a la conmemoración del V Centenario de la fundación de Las Palmas de Gran Canaria, que se celebraría al año siguiente. Año en el que presentó, nuevamente, temas de la antigua urbe, con motivo del Aniversario, titulados “Rincones de la zona antigua”. En 1979 presenta otra serie de acuarelas sobre el centro histórico de la capital grancanaria titulada "Homenaje a la Vieja Ciudad”.
Por esta razón se le conoce con el sobrenombre de “el pintor de la ciudad”, convirtiéndose en una especie de “cronista pictórico” de la misma.
En ese mismo año logra el primer premio por la pintura llamada “Crepúsculo en el Sur” en la I Bienal de la acuarela “Ciudad de Las Palmas”.
Comas Quesada fue un virtuoso del dibujo y un maestro intachable de la acuarela clásica que supo reflejar el color y la luz de Canarias.
Algunas de las pinturas a que se hace referencia son las que se recogen y “versifican” en este libro.
 

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