Era uno que contaba, de Paco Torrecilla

Era uno que contaba
El autor: Como estudioso de la literatura, Paco Torrecilla del Olmo ha realizado ediciones de Canciones populares de la tradición medieval (1997), Rimas de Bécquer (2002) y Leyendas del mismo autor (en prensa). Como creador, tiene publicadas dos colecciones de relatos, Roturas (1994) y Por los siglos del deseo (1995).

El libro: ... Y sin embargo, poco a poco, voy barruntando que hay algo que –de algún modo muy difuso, es cierto, pero no por ello menos efectivo– hay algo, decía, que se va colando como una constante subrepticia y quebrada, guadiana reseco, en nuestras publicaciones. Y ello creo que es la búsqueda de una imagen-pensamiento que resista las imágenes seductoras y míticas que el mercado nos impone, una imagen reposada frente a la imagen convulsa, una imagen en la que la distorsión sea crítica y no adormidera y mentira.

Y esto es lo que a mí me fascinó de la novela de Paco Torrecilla que hoy aquí presentamos. Paco nos quiere hacer pensar por medio de unas historietas y fábulas muy bien escritas y muy bien engarzadas en un marco narrativo que las aúna. Son relatos con un componente aparentemente mítico, pero que celan una reflexión y una crítica sobre el sistema sociopolítico mundial y sobre cómo vuelve nuestras vidas vacías y absurdas. El libro de Paco es, al tiempo, una denuncia y una queja existencial: personajes descentrados y huecos, que ni siquiera son capaces de verbalizar la angustia como sus mayores de hace algunas décadas, buscan en las palabras inspiradas de un gurú las causas –nada metafísicas– y los causantes –nada abstractos– de su situación.

Lo que más me intrigó, con todo, de Era uno que contaba fue por qué Paco había sentido la necesidad de hacernos reflexionar, pero no por medio de un ensayo donde lo principal fuese el pensamiento, y la imagen sólo apoyatura y adorno, sino, por el contrario, a través de una mezcla de novela y cuentos en la que la narración se vuelve alegoría política y la imaginación un medio de reflexión. A mi entender, Paco sabe muy bien que el juego asesino de la dominación ideológica se juega en el tablero de la imaginación, y que es en él donde hay que dar la batalla. Por eso, frente a los mitos de la postmodernidad, Paco presenta unos personajes desvalidos, un tanto patéticos, que tratan de imaginar otro mundo posible y apenas lo consiguen, y muestran así los límites de la utopía y al mismo tiempo su valor como contrarrelato o contramito de la sociedad que la genera. Y muestran, sobre todo, que la utopía –la literatura– puede protegernos del frío aterrador del mercado-mundo, que nos permite sentarnos en círculo y sentirnos juntos, como esos bidones llenos de combustible alrededor de los cuales los mendigos-literatos de la novela de Paco se calientan y alumbran en los sucios callejones olvidados de la gran ciudad.
 

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