La casa rural, de Adolfo M. Martínez

La casa rural
El dueño de la casa rural de Villadaro, pueblo manchego, recibe la visita de un huésped singular, Placentino Costas. Ante la estupefacción del hospedero, le anuncia de manera rotunda que la única y verdadera intención de su llegada es suicidarse en aquella casa.

Este es el comienzo de una singular peripecia en la que, al tiempo en que se dilucidan las razones del suicida, somos testigos de los intentos de las fuerzas intelectuales y vivas del pueblo por disuadir a Placentino. Además del sensato hospedero, muchos otros dan su visión del asunto y aportan ideas para su solución: el cura, la guardia civil, un psiquiatra de la Universidad Complutense, sabios e ilustrados agricultores del pueblo... Y, desde luego, las chicas del club de alterne El Reposo del Camionero.

Como en las otras publicaciones de Adolfo M. Martínez, la novela está transida por el buen humor, el culto y pertinente comentario sobre arte, historia o ciencia, la devoción al trabajo de la tierra, la reflexión ética y moral. Un libro que, a pesar de tratar del suicidio, es una celebración de la vida.

El autor

Adolfo M. Martínez es licenciado en Derecho, pintor, escultor, escritor y, sobre todo, labrador de las tierras de Villaescusa de Haro, de cuya Universidad se declara único alumno y rector. Muestra de su devoción por la tierra es la escultura Máquina para labrar el viento que se exhibe en aquella localidad.

Es autor de las novelas Erótica rural (Ediciones de La Discreta, 2004) y Erótica urbana o De la soledad del afilador (Ediciones de La Discreta, 2004), y con otros autores ha participado en el libro de relatos Primera santología (Ediciones de La Discreta, 2004). En un estudio monográfico en el libro Venus Veneranda II (Universidad Complutense, 2006) se ha identificado su estilo literario con una nueva tendencia, que se califica como tremendismo ilustrado.

Lee, medita, escribe, esculpe y también dedica su tiempo a recibir a los huéspedes del Palacio Rural Universitas, de Villaescusa de Haro, bajo el lema casi franciscano de silencio, soledad y sosiego.
 

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