Avelino Hernández y nuevos entrelazamientos

Por Luis Junco

Cuando revisaba las pruebas de Nuevos entrelazamientos, leí un original enviado a la consideración de La Discreta y que era una especie de biografía de un escritor secundario, de Soria, de la España vacía, casi desconocido. Pero me llamó la atención el nombre, Avelino Hernández, porque yo había sabido de una persona que se llamaba así pero que no conocía como escritor, sino como político. En los años 70 del pasado siglo, durante la dictadura de Franco, milité en un partido de izquierdas, la O.R.T., partido revolucionario, ilegal en aquellos momentos, claro, y cuyo secretario general era José Sanromá, conocido como el camarada Intxausti. En los tiempos de la clandestinidad, el comité central del partido se reunía en lugares distintos y casi siempre en pisos de camaradas de confianza. Yo era uno de ellos y ese grupo de dirigentes se reunió varias veces en nuestra casa que estaba cerca de la Dehesa de la Villa, en Madrid. Pues bien, no le conocía personalmente, pero uno de los miembros de ese comité central era Avelino Hernández. Por eso me sonaba el nombre, pero había algo más que no lograba recordar. Supe también, por el original antes citado, que Avelino Hernández había fallecido en el año 2003.

Lo comenté con Emilio Gavilanes, el editor de estos Nuevos entrelazamientos, y Emilio, que ya he dicho en alguna ocasión que es el mejor lector que conozco y de mejor memoria, me escribió:

Fíjate qué curioso. Después de escribirte, se me ha quedado resonando en la cabeza el nombre de Avelino Hernández y he recordado que yo leí un libro suyo en los años 80. Un libro que se titulaba Crónicas del poniente castellano (lo debo de tener en el pueblo, donde tengo casi todo lo de tema local) y recuerdo que me gustó mucho. Era la crónica de un viaje en bicicleta por Aliste. Me gustó tanto que convencí a dos amigos para hacer nuestro propio viaje en bici por Aliste (ya habíamos viajado en bici por Babia, Laciana, la Cabrera, la Maragatería, las Omañas…). Al final nos juntamos cuatro. Echamos a rodar una tarde del mes de agosto. Íbamos eufóricos por el viaje que empezábamos y a diez kilómetros de Muelas, bajando una cuesta, uno de los amigos pilló un bache y se pegó una hostia descomunal. Creímos que se había reventado. Suspendimos el viaje, convencidos de que lo reanudaríamos en unos días. Pero este amigo tardó tanto en recuperarse que lo fuimos dejando y ya nunca lo retomamos. Aún recuerdo pasajes de aquel libro. Y fíjate, resulta que tú conociste al autor.

A raíz de esto, además del que me señalaba Emilio, anoté varios libros de viaje escritos por Avelino Hernández, con intención de comprarlos y leerlos: Donde la vieja Castilla se acaba, Viaje a Serrada, Itinerarios desde Madrid… Y vi que además de libros de viajes, Avelino había sido un prolífico escritor que había incursionado en muchos géneros: ensayos, novelas, literatura infantil y juvenil,  poesía… Pero había algo más de Avelino que se me escapaba. 

Hace unos días, con la salida de Nuevos entrelazamientos de la imprenta, me puse a leerlo con la morbosa intención de hallar las inevitables erratas que a pesar de todo el cuidado y revisión que se hace siempre acaban apareciendo. Aún no he detectado ninguna, pero sí descubrí lo que inconscientemente iba buscando.

Hacia el final del libro hablo de Rachel Chisley, cuyo padre, John Chisley, asesinó de un disparo al juez George Lockhart, padre de uno de los protagonistas principales de Nuevos entrelazamientos. Rachel Chisley estaba casada con lord Grange, un significado jacobita con un papel destacado en la la sublevación de 1715 y que para evitar ser denunciado por su esposa se confabuló con otros correligionarios para secuestrarla. Simularon su muerte y la enviaron a un lugar remoto de las islas Hébridas, en donde la desafortunada Rachel falleció enloquecida por el aislamiento al cabo de los años. Para esto, como para otras muchas cosas del libro, yo me había documentado todo lo que había podido y había leído libros y artículos de todo tipo. Pues bien, sobre el secuestro de Rachel Chisley había obtenido de la red un capítulo de un libro que se llama La historia de san Kildán, y que es la historia de este archipiélago de las islas Hébridas, en cuyo isla principal, Hirta, fue mantenida contra su voluntad y durante años Rachel Chisley. El autor de este libro fue Avelino Hernández. 

Ni qué decir que conseguí el libro entero, en formato ebook, y lo leí con devoción. Es un libro precioso, que recomiendo con entusiasmo, y que me ha ayudado a conocer mejor a Avelino Hernández y la intrincada madeja en la que yo mismo estoy enredado. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solve : *
28 − 6 =