Obra publicada

Por Luis Junco

No hace mucho contesté a un escritor que me preguntaba por mi última novela que para mí esa obra ya era agua pasada. Que me había dado la vida mientras la escribía, pero que una vez publicada ya se había muerto para mí. Y al decir esto, me di cuenta de que para muchos escritores sus obras escritas y publicadas siguen siendo esenciales. Se aferran a ellas como a bombonas de oxígeno para seguir respirando. No los censuro, simplemente no lo entiendo. Cuando veo a un escritor que saca continuamente en las redes sociales las portadas de sus libros, párrafos o resúmenes de ellos, noticias de las traducciones que se han hecho, una nueva presentación que se va a hacer no sé dónde, entrevistas en periódicos, reseñas laudatorias, etc., más que otra cosa siento incomprensión y un poquito de piedad.


Puedo entender que para dar a conocer que se ha publicado una nueva obra se haga algo de esto, entre otras cosas porque la editorial que hace la publicación tiene que vender algunos ejemplares para amortizar el gasto de la edición y ganar algo de dinero, si este es su propósito. Pero no es esto a lo que me refiero, sino la complacencia y hasta la necesidad del escritor de seguir viviendo de su libro. No pretendo mostrarme como una especie de santón o místico de no sé qué religión, no, sino que no puedo entender esa actitud. Para mí, el libro tiene sentido mientras lo escribo, mientras lucho con él, cuando lo sufro y al mismo tiempo lo disfruto. Después, sea cual sea el resultado, para mí el libro muere. Ya no depende de mí, y si ha de procurar placer o pesar o indiferencia ya no será a mí sino a otras personas. Lo que yo necesito es otro libro, y si no logro enfrascarme en otro proyecto, pues habrá ocurrido que esa parte (muy importante) de mi vida ya habrá muerto. Aceptarlo es difícil, desde luego, pero persistir en seguir viviendo de lo ya hecho, es como el árbol que quiere seguir obteniendo vida de sus hojas marchitas.

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