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Por Roberto Ripio

En las conversaciones entre miembros de La Discreta se dan a veces recomendaciones de películas, con o sin reseña, con o sin manifesación de entusiasmo.

Yo, sin reseña, manifesté mi entusiasmo por la última película de Víctor Erice, Cerrar los ojos. Al cabo de un tiempo otro compañero, a cuyas opiniones atiendo mucho, me dio la alegría de que la hubieran visto en casa, y compartieran mi valoración. La reseña que no hice entonces no voy a aventurarme a hacerla ahora, pero el lector interesado encontrará muchas y muy buenas en este enlace: https://www.filmaffinity.com/es/film792411.html.

Al hilo de esto recordé algo que me pasó hace cosa de cuarenta y cinco años. Los detalles, tras tanto tiempo, no pueden darse por exactos, pero la situación fue más o menos como digo. Así lo escribí:

Tengo mi pequeña anécdota con Víctor Erice:

De adolescente me apunté a un curso de cine, en la calle Abtao, cerca de la Avenida del Mediterráneo. En las prácticas de dirección estaba yo montando un plano en la Avenida en cuestión, luces, trípode, cámara baja, contrapicado. Se acerca un señor muy serio, con barba y mucho pelo. Sin presentarse señala la cámara:

—¿Por qué un contrapicado?

Le explico el plano. Responde amable pero seco:

—No. Un contrapicado es mucho. ¿Qué harás cuando haya un drama de verdad?

—Ah, claro.

—Bueno, adiós, ánimo.

Un compañero más mayor e ilustrado no decía nada. Cuando el hombre se va me agarra del hombro: 

—¡Tío, era Víctor Erice!

1 Comment

  1. David Torrejón Lechón dice:

    Magnífica anécdota, pero también estaría bien que Erice se dejara aconsejar. Me explico. Cerrar los ojos es una muy buena película, pero podría ser mejor aun. Mis razones. En general, creo que su deseo de transmitir la melancolía por un tiempo perdido le lleva a incluir escenas que, si bien son excelentes, no aportan nada. La escena de la argentina, varias de la vida del director de cine en la costa, que podrían reducirse, o aquellas con el guardián de los rollos bebiendo whisky. Las de entrar y salir del trastero. Me pasa como con algunas películas de Wenders (París Texas, por ejemplo) que tienen escenas que valen por toda la película, pero te acabas preguntando si todo el resto era necesario. Me imagino que es difícil sacrificar apéndices de tu criatura y que, a estas alturas de su vida, le importa un carajo lo que opinen los demás y hace lo que le peta. Por último, habría comprendido un final abierto si no lo encontraran (spoiler), pero ya que lo hacen extendiendo la película cuarenta minutos más, entonces ten el valor de rematar. Lo otro me parece cobarde y un poco tomadura de pelo al espectador. Siempre he odiado esos finales abiertos (también en literatura) cuando a lo largo de la película el director nos ha dato todo tipo de detalles. Échale narices y danos tu final o ahórrate los detalles. La primera escena de la supuesta película inacabada es de enmarcar, la última mucho más floja. Coronado es un ejemplo de superación: de galán y mediocre actor, a dar lecciones de interpretación para la historia. Una pasada. Supongo que Erice también tiene su mérito en ello. El prota, bien pero no le llega a Coronado. Veo algunos problemas menores con la apariencia de los personajes en relación a su supuesta edad, pero pueden ser cosas mías o de no haber cogido bien los detalles. El prota me parece que debería estar más avejentad y l argentina parece veinte años más joven que ellos.

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